

Cada año, cuando mayo avanza hacia las fechas señaladas, Aguilar se convierte en un escenario donde la devoción y la tradición se entrelazan con intensidad para acoger la procesión de la Virgen de la Cabeza.
Cuando la imagen de la Virgen de la Cabeza sale a la calle, el tiempo parece detenerse. Es un momento en el que lo íntimo y lo colectivo se funden, creando una atmósfera única.
El recorrido, marcado por calles de gran solera, se convierte en un auténtico homenaje. La devoción se expresa de múltiples formas: en la oración callada, en el canto compartido, en el esfuerzo de quienes portan la imagen con orgullo y responsabilidad.
Pero más allá de lo religioso, esta procesión es también un reflejo de la continuidad cultural. Es, en definitiva, una celebración que habla del pasado, se vive en el presente y se proyecta hacia el futuro.
Al caer la noche, cuando la Virgen regresa a su templo, queda en el aire una mezcla de emoción y gratitud. La Virgen de la Cabeza vuelve a su lugar, pero Aguilar sabe que su presencia seguirá acompañando cada paso hasta el próximo encuentro.





