
Toda gran historia de recuperación comienza con la decadencia. Las fuentes rurales, que una vez fueron el epicentro de la vida social, el abastecimiento de agua y el descanso de pastores, caen en el abandono debido a la llegada del agua corriente y el éxodo rural. La estructura se cubre de maleza, el agua se filtra y el lugar desaparece de los mapas, quedando grabado solo en la memoria de los ancianos de la región.
El punto de inflexión suele nacer de una casualidad o del empeño de un grupo de vecinos o voluntarios locales, como ocurrió con la Fuente Nueva de Jogina, recuperada hace ya dos décadas gracias a la labor de la Agrupación Ecologista Zoñar, el Ayuntamiento de Aguilar con el concejal de Medio Ambiente Antonio Maestre, la generosidad de Antonio Sánchez donando elementos como el pilón antiguo y parte del frontal que se conservaba en su bodega, y el trabajo voluntario de un gran hombre, Juan Aguilar Lucas (Zapatones), quien, de forma totalmente altruista y con su maestría de pocero recuperó el venero perdido trabajando incansablemente con su azada hasta llevar el agua al actual emplazamiento de la fuente.
La restauración consistió en la reposición de los caños originales, la piedra tallada y los muros de contención respetando la arquitectura tradicional. Todo ello llevó a un momento memorable, cuando el agua limpia vuelvía a brotar del caño después de décadas de silencio.




