Hay ausencias que el tiempo termina por sanar, hasta el punto de permitirnos volver la vista atrás sin tristeza, porque el amor de una madre tiene la virtud de mitigar incluso el dolor de la ausencia.

Algunas fotografías me devuelven a una primera infancia de la que no conservo memoria. Verme aferrado a la mano de mi madre, cuando todavía ignoraba mi propia existencia, encierra una verdad que el tiempo no ha borrado: el amor que siempre te tuve, por encima de cualquier otro.

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