Cada vez es más común contemplar en chalet, cortijos, o jardines privados, la imagen de los altos troncos de palmeras desprovistos de palmas, señal inequívoca de que estos ejemplares han sufrido el ataque del temido Picudo Rojo, parásito que está causando estragos en esta especie denominada científicamente como arecáceas. Con el fin fundamental de la ornamentación, existen en nuestro pueblo y su término cientos de ejemplares, muchos de ellos centenarios, que están expuestos al contagio, número que se está viendo drásticamente reducido por la plaga.
Es fácil distinguir las palmeras enfermas ya que comienzan a secarse por la corona de palmas más nuevas, hasta que mueren todas completamente, quedando denudo de ramaje el tronco. Sólo la prevención puede evitar el que se vean afectados los ejemplares que aún no lo están, por lo que se hace imprescindible someterlos a tratamientos que impidan la propagación en el casco urbano de la plaga. De no ser así, el riesgo de que se pueda ver afectado el palmeral del Llano de las Coronadas es bastante alto. El Ayuntamiento tiene controlada eta enfermedad en los parques públicos, donde las medidas preventivas a evitado hasta ahora que se produzca ningún caso de palmera afectada.
Los propietarios de palmeras, entidades públicas y particulares, deberían iniciar los tratamientos “con sustancias autorizadas” en los árboles que se encuentren en su propiedad. En caso de que el parásito ya haya afectado seriamente a las palmeras y sea imposible su recuperación, debe procederse a su eliminación. Como consecuencia de la gravedad de la difusión del parásito, se deben adoptar las medidas tendentes a impedir la propagación y a combatir la plaga, iniciativa que conlleva unos gastos derivados de los tratamientos, que sin duda constituye uno de los obstáculos para que muchos propietarios apliquen la medida.




