La mañana del Viernes Santo constituyó un año más el culmen de la celebración pasionista en Aguilar. La buena climatología permitió una masiva presencia de personas en las calles invadiendo todos los rincones de los desfiles procesionales, y a la vez se convirtió en una carga o penitencia más para los hermanos de las dos cofradías: Nazareno y Amargura, que tuvieron que suportar un calor sofocante en el segundo tramo del recorrido, desde la Plaza de San José hasta la iglesia.
La parte positiva de esta circunstancia climatológica fue sin duda la seguridad y tranquilidad con que las dos cofradías realizaron su estación de penitencia, hecho que provocó cierto retraso en la llegada a la Plaza de San José y en la vuelta al templo. Radiantes y esplendorosos lucieron los dos pasos, tanto el Nazareno como la Amargura, y también las dos cofradías que se mantuvieron en todo el recorrido del desfile con un más que notable orden, lo que acrecentó la solemnidad que envuelve a la procesión de la mañana del Viernes.
El cuidado patrimonio de los dos tronos, el buen acompañamiento musical, y la acendrada devoción de los dos Titulares de ambas cofradías, determinaron un año más la primacía de esta mañana en el conjunto de la Semana Santa, a la que le otorgan carácter y singularidad. Qué duda cabe que los penitentes nazarenos constituyen otra estampa única e irrepetible de la Semana Santa aguilarense.
La mañana de Viernes Santo sigue constituyendo el momento vivencial cumbre de una Semana Santa en la que la devoción a Jesús Nazareno consagra y resume todas y cada una de las devociones personales y particulares.




