Y todo va llegando a su fin para que pueda iniciarse nuevamente. El sábado que los antiguos llamaban de Gloria marca el punto de inflexión en los días mananteros de Aguilar. Es el día en el que se siente inminente el desenlace de la muerte de Cristo con la celebración del Misterio de la Resurrección que fundamenta la Fe de los cristianos, pero aún es patente el Mayor Dolor que sufrió la Madre del Nazareno en el transitar por las calles del Pueblo bajo el palio más elegante de cuantos cobijan a las vírgenes de Aguilar en Semana Santa.
La Virgen que llenaba de fervor cofrade la madrugadas del Viernes Santo, en las primeras décadas del siglo XX, está hoy plenamente emplazada en la noche del Sábado constituyendo una de la estampas añejas de nuestra Semana Santa. Brilla con especial esplendor la cofradía y el paso de palio en este día, como se comprobó y disfrutó en la noche de ayer.
El Sábado Santo de Aguilar no se entendería ya sin que la Virgen del valenciano Romero Tena concitase la expectación y admiración de los cientos de personas que la siguen durante todo el recorrido y llenan a rebosar la Cuesta de la Parroquia para, en la madrugada de la Pascua judía, recibir la bendición de la Madre ratificando la que impartió el Nazareno en este mismo lugar al mediodía del Viernes Santo.




