Todo se ha consumado en una solemne Eucaristía presidida por el obispo de Córdoba. La Virgen de los Remedios ha salido al Llano de la Cruz para presidir el culto que ha rememorado la efeméride de hace 25 años, cuando fue reconocido su acervo devocional de cuatro siglos con la máxima regalía que se puede ofrendar a una imagen mariana, como es su coronación canónica.
Desde aquel célebre 22 de septiembre de 1996 la Virgen luce una presea de plata y oro, y también una corona de devoción que ha sido y es el mejor y mayor ofrecimiento que los cofrades y devotos pueden hacer a la que es Reina y Pastora en el corazón y devoción de cientos de aguilarenses.
Ha sido un glorioso colofón a los muchos actos y eventos que han precedido a este día y que nos han dispuesto para vivirlo en plenitud. Momento memorable también, pues, será recordado por las generaciones que están y las que vendrán y seguirán encontrando en la mirada dulce y serena de la Virgen de la Vera Cruz el asidero al que aferrarse en los momentos arduos de la vida.
Una noche de evocaciones y de regocijo para quienes tuvimos la suerte de vivir y compartir aquellos momentos inolvidables siendo participes de uno de los días más grandes e históricos de Aguilar de la Frontera, algo que nunca más se repetirá. Y ha sido una noche de júbilo en la que la memoria no solo ha retornado al ochavado recinto de la Plaza de San José para revivir las emociones que se eternizaron en nuestro corazón cofrade, sino también para redimirnos de las ausencias que lastiman nuestra memoria, pues en ella ha estado hoy más presente que nunca el recuerdo de quienes hicieron posible aquel glorioso hecho y ya no están entre nosotros, y sobre todos ellos, el recuerdo de Paco Romero.






