Pueden ser nuestros recuerdos u otros que no hemos vivido, pero nos gusta volver atrás a ver determinados instantes. Aunque nuestra memoria está cambiando con las tecnologías

Es innegable que la tecnología nos cambia sustancialmente sin que nosotros nos demos cuenta, y quizá la explicación a por qué nos gustan tanto las fotografías antiguas (esas que guardamos en papel y a las que volvemos periódicamente) se deba no solo a que volvemos a un determinado momento que no podremos recuperar, sino también al hecho de que antes guardábamos menos imágenes, por lo que, al ser más escasos, esos recuerdos también se vuelven más preciados.

Sea como fuere, las fotografías (nuestras o no) producen nostalgia, un dolor dulce que también nos ayuda a sobrevivir: es un mecanismo que nos impulsa a ir hacia delante.

Foto cedida por Juan Rubio Berlanga.

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