
La historia religiosa de Aguilar está profundamente marcada por la devoción a Santa María del Soterraño, una imagen mariana que ha acompañado a generaciones de aguilarenses a lo largo de los siglos. Su hallazgo se remonta al año 1530, durante las obras de ampliación de la Parroquia Mayor de Aguilar, un hecho que la tradición local interpreta como un signo divino que selló su vínculo con la localidad.
La imagen, de rasgos góticos tardíos, refleja la transición hacia el Renacimiento, conservando la serenidad y elegancia características del arte medieval. Su advocación como “Soterraño” proviene de la palabra “subterráneo”, en alusión al lugar donde fue encontrada, bajo tierra, durante las obras de la iglesia.
Este descubrimiento no solo marcó un momento histórico para Aguilar, sino que también consolidó la fe de sus habitantes, quienes vieron en la Virgen un símbolo de protección y esperanza.
En el año 1611, el fervor popular llevó a que la Virgen del Soterraño fuese proclamada patrona de Aguilar. Desde entonces, cada septiembre, la localidad se llena de devoción y alegría en honor a su protectora. Las fiestas patronales incluyen cultos solemnes y una procesión en la que la venerada imagen recorre las calles, acompañada por los cánticos y plegarias de los fieles.
Esta curiosa fotografía, tomada en los años noventa, muestra a la imagen en la puerta principal de la Parroquia, tras la última restauración que tuvo, efectuada por el imaginero cordobés Miguel Arjona. Junto a ella aparece el párroco Lorenzo Hurtado Linares, el niño Antonio Cecilia, y Antonio Zurera “el porrero”. Tambien una persona joven vinculada al templo en esos tiempos.
Hoy, Santa María del Soterraño sigue siendo un símbolo de identidad y unión para los católicos de Aguilar. Su imagen no solo representa la fe, sino también la historia y la cultura de la localidad, recordando a todos los habitantes sus raíces y la importancia de preservar su legado espiritual.



