
Aguilar de la Frontera se ha sumergido en su pasado decimonónico con una magnífica ponencia que ha desgranado las claves políticas, sociales y religiosas que propiciaron la fundación de esta cofradía en 1876.
Era una cita ineludible para los cofrades de Jesús Caído pues se convocaba a un encuentro con su propia historia, que arrancaba en 1876 coincidiendo con los primeros pasos de la Restauración Borbónica en nuestro pueblo.
El cronista de la Ciudad y Archivero, Diego Igeño, ha ofrecido a los asistentes una radiografía detallada de los acontecimientos que transformaron el municipio a finales del siglo XIX. Un periodo convulso y fascinante que coincide, de manera directa, con un hito fundamental para la identidad religiosa local: el nacimiento de la cofradía de Nuestro Padre Jesús Caído.
La ponencia ha tomado como eje vertebrador el año 1876, una fecha de enorme trascendencia tanto a nivel nacional como local. Tras el convulso Sexenio Democrático y el fin de la Primera República, España iniciaba la Restauración Borbónica bajo el reinado de Alfonso XII y la batuta política de Cánovas del Castillo.
Este nuevo escenario político buscaba la estabilidad y el orden institucional, una corriente que se dejó sentir con fuerza en la vida diaria, la administración y las familias de Aguilar de la Frontera. A través de esta ponencia, el disertante ha profundizado en las tres dimensiones que definieron la época:
Estabilidad política: Cómo se adaptaron las instituciones locales al nuevo marco constitucional y al turnismo político.
Realidad social: Las condiciones de vida de los aguilarenses, la economía agraria de la campiña y las dinámicas de poder de la época.
Resurgimiento religioso: El papel de la Iglesia y la sociedad civil en la reorganización del culto público, un clima que favoreció directamente la fundación de la Hermandad de Jesús Caído en 1876.
La conferencia no solo ha recordado datos y fechas, sino que ha conectado al espectador con el pulso humano de un Aguilar pretérito del que se cumple ahora 150 años. Siglo y medio después, sigue viva la semilla devocional sembrada por los hombres que hicieron posible la fundación de la querida cofradía del Miércoles Santo.




