
Seguir celebrando nuestras tradiciones es otra manera de mantener vivas nuestras raíces, de valorar y defender el patrimonio que conforma nuestra identidad. Por eso, desde la Asociación Puerta del Agua, una vez más volvimos a celebrar la víspera de San Juan, en una velada llena de arte, magia, fuego y buenos deseos, donde la cultura, la convivencia y la risa se mezclaron para dar la bienvenida a la energía renovadora del verano. Al acto, celebrado en el anfiteatro del castillo, acudieron más de ciento cuarenta personas sin miedo siquiera al que fue el pico más alto de la ola de calor que nos azotaba.
Con la recepción y entrega de tablillas en las que, más adelante, se quemarían, de forma simbólica, miedos, preocupaciones o malos recuerdos, dio comienzo la primera parte del programa, seguida de las palabras de bienvenida de su presidenta, Teresa Romero. La noche, que estuvo dedicada en gran medida al recuerdo de la figura del músico y compositor Sebastián Valero, en el centenario de su nacimiento, continuó con diferentes intervenciones que enriquecieron y aportaron valor al evento, como la de Francisco Alcaide y Daniel Zurera, virtuosos del violonchelo y del piano, respectivamente; la de la escritora aguilarense Mercedes Guerrero, que presentó a Luis Alberto Valero; la de este mismo, con la conferencia “Sebastián Valero Jiménez. Un hombre bueno, un músico extraordinario”; la de los componentes del grupo de teatro “Na más queso” de la Asociación Villa de Aguilar, que provocaron la risa general con la puesta en escena de la original obra “Stulticity”, bajo el guion y la dirección de Francisco Cabezas; y la de Diego Pérez, que nos habló de Vicente Núñez y Sebastián Valero como dos grandes artistas que compartieron generación y amor por nuestro pueblo.
La primera parte de la actividad finalizó, en palabras de nuestra presidenta: “Con el himno de Aguilar a ciento cuarenta voces”, dando paso a una segunda parte en la que disfrutamos de la cena en buena compañía, quemamos las tablillas y compartimos el ritual de una queimada en cuyo conjuro aparecía Ío, un duende paisano nuestro. Gracias a todos los asistentes por vivir con nosotros, un año más, la magia de la noche purificadora de San Juan.




