Aguilar de la Frontera calle a calle (16)

Autor: Antonio Maestre Ballesteros

LLANO DE LAS CORONADAS

Encrucijada urbana que surge a finales del siglo XV en los terrenos cercanos a una de las principales puertas del recinto amurallado, la Puerta Real o del Mercado. Su emplazamiento geográfico lo delimitaban varios caminos, entre ellos, el denominado de la Puente Don Gonzalo que atravesaba el Arrabal del Moralejo, y el de la Carrera de los Moriles que se dirigía hasta dicho pago agrario. Estas tierras pertenecieron a Alonso Fernández de Córdoba, señor de la Casa de Aguilar, conocido en su siglo como Don Alonso de Aguilar o Don Alonso el Grande.

La propiedad de estas heredades le permitió construir en las postrimerías del siglo XV varios edificios que marcaron arquitectónicamente este entorno urbano durante varias centurias, entre ellos, la ermita de Nuestra Señora de la Asunción Coronada, advocación que incitó el nombre que ha perdurado desde tan remoto tiempo.

La consolidación del espacio como plaza pública debió acontecer en los años finales del citado siglo y los primeros del XVI, estando ya totalmente definida en sus límites durante el primer tercio del último siglo citado. Así se desprende de un legajo fechado en 1531.

La Barrera de la Coronada corría en su latitud desde la casa de Alonso Buendía, hoy de las Dueñas, por sobrenombre, hasta la Tercia del Duque y Álvaro Pérez, por entre los cuales y sus costados desembocan las calles Tercia, Carrera, Boca de la Silera y Moralejo. Su latitud se tomaba por la que habitaba en el día Don Antonio Priego a la frontera contraria, aunque se espaciaba más por el rincón opuesto. En su centro estaba la ermita de la Señora, y sería de ver lo que contribuiría a la pública devoción el gran número de artesanos y oficiales que con sus tiendas abiertas al público moraban en ella, como puede instruirse el curioso del padrón del año de 1531 que está sirviendo de forro al registro de escrituras que hizo el escribano Tomás de Nájera….

El dato pone de relieve, además, la existencia de otro de los inmuebles más destacados conservado hasta nuestros días, como es el edificio de la Tercia. Durante la segunda mitad de dicha centuria la intensa actividad constructiva en la zona determinó el espacio que ocupa la Plaza de la Coronada en la actualidad. El perímetro se completó con nuevos edificios que, sumados a los ya existentes de la Tercia y ermita, determinaron el contorno arquitectónico del centro neurálgico de la población.

El Juego de Pelota y el convento de Santa Clara fueron dos de las fábricas de mayor relevancia que se levantaron en este lugar. También hemos documentado la existencia desde muy antiguo de un edificio que pudo albergar una sinagoga Judía. Todas ellas fueron construcciones de notable mérito que determinaron el aspecto señorial y noble del emplazamiento, afianzado en años posteriores con la ornamentación de las fachadas de sus casas por las familias de la burguesía local que se asentaron en este lugar.

La construcción del Juego de Pelota y convento debieron correr paralelas, ya que para la realización del primero se utilizó parte de la muralla o pared lateral de la iglesia conventual. Para la construcción del monasterio se dieron los primeros pasos en 1553, siendo iniciativa de la nieta de Don Alonso de Aguilar, Teresa Enríquez de Córdoba, quién adquirió en dicho año varias casas junto a la ermita para levantar el cenobio.

Teresa Enríquez se obliga a favor de Ana Gómez, viuda de Pedro Alcaraz, vecino de Aguilar en pago de un censo de cien ducados a rédito anual de 3.750 maravedí, cargado sobre una casa comprada a Lázaro Jiménez, lindera con la iglesia de la Coronada de Aguilar, que había que percibir Bartolomé Ruiz de Carmona….

Podemos convenir que la realización de las obras se prolongó durante la década central del siglo XVI, inaugurándolo la primera Comunidad de monjas que lo habitó en el año 1566. Este edificio ocupó el área central de la plaza, convirtiéndose en uno de los elementos arquitectónicos más destacado de la misma. Por ese tiempo la Coronada constituía ya el eje geográfico de la población y el lugar de convocatoria y celebración de las subastas de almoneda, donde el “vos pública” o pregonero anunciaba sus requerimientos y colocaba los Edictos de la Justicia y regidores. En definitiva, el lugar más concurrido y populoso de la localidad. Esta importancia urbana justifica el empiedro que se le realizó en 1582:

….Y a Pedro de Sevilla, empedrador, mil seiscientos maravedí de sesenta y nueve varas del empiedro que hizo en el llano de la Coronada de esta villa, mostró licencia de la Justicia y Regimiento, su fecha ocho días del mes de noviembre de mil quinientos ochenta y dos.

En el transcurso del siglo XVII se convirtió en el marco escénico donde se representaba el Auto Sacramental del Descendimiento, y se afianzó aún más el carácter comercial de la zona, mostrando los contratos de los escribanos numerosas referencias a las tiendas que se emplazaron en este lugar:

….los cuales son y le reconozco deber por razón del alquiler de una tienda de vender paños en el llano de la Coronada, linde con tienda de Francisco Jiménez y con casas del dicho licenciado….

La presencia de los comerciantes, así como la de otros oficios que ejercieron los vecinos de la zona, se pone de relieve en los primeros padrones de habitantes, donde se registran conjuntamente la Plaza y calle de la Coronada. El padrón de 1657 arroja mayor información sobre los comercios y oficios que acogía el mercado artesanal existente en este lugar a mediados del siglo XVII.

NOMBRE OFICIO
Pedro de Toro Regidor
Antonio Merino Mesonero
Jerónima de Espinosa Especiera
Andrés de Peralta Carpintero de obra prima
Juan Rodríguez Estanquero de tabaco
Juan Marcos Peñuela Barbero
Cristóbal Calero Zapatero
Bartolomé de Flora Boticario
Juan Carrillo Barbero
Blas Martín Espadero
Juan López Cerero
Alonso Jaén Carpintero de la obra gruesa
Juan de Carmona Alcalde
Juan de Herrera Escribano público

 

AMA. Padrón de Habitantes 1657. Leg. 208. elaboración Propia

Nobleza y comercio constituyeron la seña de identidad del lugar durante todo el siglo XVIII, característica a la que hay que sumar la notable presencia de clérigos y religiosos como consecuencia de la vecindad en el mismo de presbíteros y capellanes, así como por situarse en él la casa que habitaban los dos frailes franciscanos que atendían espiritualmente a las monjas Clarisas. Otra presencia religiosa constante en la zona, al menos en el transcurso de los siglos XVII y XVIII, la constituyó el colegio que mantuvo en Aguilar la Orden Trinitaria Descalza:

Doña Clara Ramírez tiene una casa en la Plaza y Coronada de esta villa que confronta con la del Colegio de Trinitarios Descalzos de la ciudad de Córdoba, por una parte, y por la otra con la de Juan de Dueñas, presbítero.

Una de las muchas remodelaciones que se realizaron en la calzada, auspiciadas por la céntrica situación del lugar, se efectuó en 1718, con ocasión de la visita que realizó a la población el Marqués de Priego:

El día veinte y siete de noviembre le pagó a Antonio de Lucena y demás oficiales que empedraron la plaza de la Coronada por la venida de su Excelencia treinta y dos reales y medio.

Un nuevo empiedro se documenta en 1729:

En este Cabildo se dijo como el Llano de la Coronada, que es el más público de esta villa, necesita de empedrarse y respecto de ser necesario por el mucho concurso que tiene dicho llano, se acordó que se empiedre lo que más preciso fuere de dicho llano…

El Llano o Plaza de la Coronada mantenía la importancia urbana que le caracterizó desde sus orígenes en los primeros años del nuevo siglo, acogiendo los eventos políticos, culturales y religiosos más sobresalientes que se celebraron en la localidad. Entre ellos destacan los actos conmemorativos que acontecieron en 1812 con motivo de la Jura Constitucional del el rey Fernando VII, y que motivaron el primer cambio de nomenclatura de la plaza.

Según recogen las actas capitulares, entre las proclamas realistas y constitucionales de ese año se organizó un desfile con el lienzo del monarca que partió desde la iglesia parroquial hasta ser depositado en una tribuna colocada en el pórtico del Llano de las Coronadas para su entronización:

….hasta colocarlo en el tablao y dosel que al intento se había formado en el pórtico de la plaza llamada de la Coronada donde con la concurrencia mayor de todo este vecindario y muchedumbre de forasteros al que acompañaba un repique general fue leída de nuevo la Constitución…

 Con ocasión de los actos, el intendente político provincial mandó que al lugar donde se había leído la proclama se le adjudicase el nombre de calle o plaza de la Constitución:

Mandó que la plaza donde se ha publicado la Constitución se le denomine con este nombre en lo sucesivo como por la misma se previene, colocando la lápida con el rótulo que también se expresa…

Aunque todo indica que se ejecutó lo mandado, y existen noticias que ratifica el hecho, la realidad documental plantea algunas dudas, ya que, en los padrones de habitantes posteriores a esa fecha aparece siempre con el nombre primitivo de Plaza de la Coronada.

Desconocemos si por las circunstancias relatadas anteriormente, u otras similares, en las primeras décadas del siglo decimonónico se segmentó la nomenclatura Coronada que desde siglos atrás compartían la calle y plaza de este nombre. Esta división se registra documentalmente por primera vez en el padrón de habitantes de 1816, donde aparecen diferenciados los vecinos de la plaza y la calle, denominada la última ya como calle Arrabal.

Los primeros padrones decimonónicos ponen de relieve la probable presencia en Aguilar de una comunidad judía bastante significativa. Esta hipótesis se sustenta en las noticias sobre los hechos acaecidos en 1473 en la ciudad de Córdoba, en la denominada ,Rebelión de los Cristianos Viejos contra los Judíos, a causa de la cual Don Alonso de Aguilar mandó hasta su villa cabecera del Señorío a numerosos hebreos que tomaron en ella vecindad:

el otro hijo fue Alonso García que por su mucha agudeza en sus dichos, y hechos, lo llamaron al azudo, entre otras cosas que se cuentan de aqueste fue esta famosa. Cuando los Reyes Católicos echaron de España a los judíos el Señor Don Alonso de Aguilar amparó en su tierra a los judíos conversos, o que fingieron serlo: vinieron a Aguilar muchos de ellos y pararon en el campo en una peña por bajo del castillo, y por esto la llaman hoy la peña de los judíos. Este don Alonso señaló a los que habían de quedarse en Aguilar y los que habían de pasar a Montilla….

Datos que prueban la veracidad de lo narrado se hayan en las Cuentas de Propios del siglo XVIII, donde se corrobora la existencia del paraje de la Peña de los Judíos en las laderas del Cerro del Castillo de Aguilar, emplazamiento donde se asentaron los judíos que recabaron en esta villa.

A Francisco de Palma veedor de esta villa le pagó setenta y dos reales y medio del salario de veinte y nueve días que se ocupó en asistir a ver sacar las sementeras de las tierras de la Peña de los Judíos, y la mayor parte de las tierras de la dehesa de Sotollón…..

Ninguna otra noticia se conocía sobre la presencia en Aguilar de la comunidad hebrea, de ahí la importancia del dato que vamos a revelar. Por él podemos deducir que dicho colectivo se mantuvo durante un amplio periodo de tiempo en el pueblo, lo que daría lugar a que levantasen un templo para el culto colectivo. Curiosamente dicho edificio se ha documentado en el entorno de la ermita de la Coronada, mandada construir por Don Alonso de Aguilar, promotor también de la llegada de los judíos a esta villa. Cabe la hipótesis de que fuese dicho caballero quien propició o cedió los terrenos para levantar la sinagoga.

Las primeras referencias al enigmático templo se registran en el padrón de habitantes de 1821 al inscribirse el edificio número 5 de la Plaza de la Coronada con el siguiente apunte:

“La Casilla, no había nadie”.

En padrones anteriores, y desde siglos atrás, concretamente desde el más antiguo que aparece con numeración, fechado en 1771, siempre se registró en dicho lugar el correspondiente vecino sin especificar otro dato que hiciese sospechar que el inmueble tuviese una estructura constructiva diferente a una casa.

Con la denominación de “La Casilla” y coincidiendo con el número 5 de la Plaza de la Coronada se mantuvo en los registros de padrones posteriores hasta 1824, año en el que se apuntó:

“La Sinagoga tapiada” .

El dato es lo suficientemente explícito como para probar que dicho edificio pudo corresponder a un templo judaico donde los hebreos aguilarenses se reuniesen para las celebraciones religiosas. Esta comunidad pudo verse afectada, al igual que el resto de judíos españoles, por la orden de expulsión que decretaron los Reyes Católicos en 1492. A raíz de este hecho la supuesta sinagoga pudo adaptarse como vivienda o casa de vecinos, y como tal aparecer registrada en los padrones posteriores. Aún a pesar de haber transcurrido tantos años desde el éxodo judío, las siguientes generaciones debieron salvaguardar la memoria de la existencia del templo, probablemente por haber conservado el edificio algún signo del cometido religioso que tuviera originariamente.

Ningún detalle conocemos del aspecto arquitectónico que presentó, aunque el hecho de que la califiquen con un diminutivo induce a pensar que su solar y fábrica no debió ser muy espacioso. Datos posteriores dejan entrever que tuvo la suficiente amplitud para ser destinado como lugar de acogida de la Milicia Realista:

SOBRE QUE SE ESTABLEZCA LA GUARDIA DE PREVENCIÓN DE LOS REALISTAS EN LA CASILLA DEL LLANO DE LA CORONADA

Acordaron así mismo dichos señores que desde mañana día 25 del corriente se establezca la guardia de prevención de la Milicia Realista en la Real Cárcel, ínterin se organiza y pone corriente la casilla del Llano de la Coronada……..

La construcción de la Plaza de San José en los primeros años del siglo XIX -lugar al que se trasladó el Mercado de Abastos desde la Placilla Vieja-, restó importancia comercial a la zona de la Coronada, al disminuir el tránsito de personas por este lugar. Aún así, no perdió el carácter de centro neurálgico de la población, afianzado con el traslado al mismo de varios establecimientos sociales o recreativos, entre ellos, el “Casino” instalado en la casa número 7 en 1860. Según los datos que recoge dicho padrón, el perfil comercial de la zona se centraba exclusivamente en la existencia de establecimientos como: boticas, estancos, barberías, sastrerías, etc. El documento especifica la numeración de las viviendas y la ubicación de cada uno de los comercios:

NÚMERO NOMBRE OFICIO
Nº 1 D. José Guerra Sastre
Nº 3 Isudira Zalazar Viuda
Nº 5 Idelfonso Priego Boticario
Nº 7 CasinoJuan Zurera Con estanco
Nº 9 Juan Fernández Corredor
Nº 11 Juan Serrano Corredor
Nº 13 Antonio Pulido Barbero
Nº 2 D. Romualdo del Pozo Hacendado
Nº 4 D. María López Viuda
Nº 6 D. Rafael Paniagua Médico
Nº 8 D. José Hurtado Presbítero – Hacendado
Nº 10 D. José Carretero Hacendado
Nº 12 D. Francisco López Comerciante
Nº 14 D. José Morales Boticario
Nº 16 No la habita nadie  
Nº 18 D. Miguel Aparicio Comerciante

AMA. Padrón de Habitantes 1860. Leg. 220. Elaboración Propia

El cuadro recoge varios nombres de personas destacadas por el papel que jugaron en la sociedad local de la segunda mitad de esa centuria: Romualdo del Pozo ocupó los cargos más destacados del Gobierno local, el médico Rafael Paniagua Rasero presidió la Real Sociedad de Amigos del País -además de dejar escrita una historia de Aguilar aún inédita-, y el comerciante Miguel Aparicio había trasladado su residencia a Aguilar desde Enguera (Valencia), y se convirtió en cabeza de un potentado linaje cuyos descendientes capitalizaron la vida política y social del pueblo durante varias décadas.

En 1864 se documentan nuevas obras en el Llano realizadas bajo las siguientes condiciones:

1º Empezará precisamente el día 15 de abril próximo, y continuará hasta su fin sin interrupción, a menos que a ello no se oponga el tiempo.

2º el terreno será maestreado en la forma que se haya hoy, empleando en su composición adobes, y para el terreno, o sea, el piso, arena de buena calidad, apisonada, procedente de las canteras de este término, y no del río, sea dada la última capa de arenado cernido con jornalero fundido.

3º La gradilla, muro y escaleras, serán compuestos de un suelo firme, separándolas con yeso y arena, enluciéndolos con yeso y cal, componiendo el pretil con adobes, colocando las piedras que haya menos de buena calidad remediando a la vez cualquier otro reparo que se notare, bien en los asientos que se hayan en la pared del convento de Coronadas, bien en su circunferencia.

4º La cantidad que se tenga lugar este remate de esa cuenta, será pagada por la depositaría de propios de esta villa.

En total se empedraron trescientas varas cuadradas con un coste de tres reales la vara, resultando un total de novecientos reales.

Durante las décadas centrales del siglo XIX la Plaza de la Coronada se convirtió en escenario de una nueva Feria Real cuya fecha de celebración coincidía con la Festividad del Corpus. La iniciativa partió del alcalde José Marcelo García de Leaniz y se celebró por primera vez en 1869. Durante este tiempo se data la presencia en las Coronadas del denominado “Casino de la Montesa”, precedente más remoto de los casinos o centros sociales que se han mantenido en este lugar hasta nuestros días. La citada sociedad se encontraba situada en el número 7 y era propiedad de Narciso Carretero.

Por esos años alcanzó la cantidad de sesenta y dos habitantes, con un total de dieciocho edificios que rodeaban la mole fortificada que constituían el convento de las Clarisas, la iglesia de la Coronada, y el Juego de Pelota. Durante el último tercio de la centuria aconteció el hecho que motivó la profunda transformación que experimentaría este espacio en las décadas siguientes, como fue el abandono (expulsión) del convento por la comunidad de monjas en 1873, al declarar el Ayuntamiento en ruinas parte de las dependencias del mismo. Esta circunstancia aceleró aún más el proceso que culminaría con la total desaparición, tanto del claustro conventual como de la iglesia y el Juego de Pelota. Por el contrario, en la zona del edificio que se mantuvo en pie se establecieron las dependencias de varios Servicios Públicos como: la Oficina de Recaudación del Ayuntamiento, una Escuela Pública, el Juzgado, un Centro Gallístico, y la Sede de la Sociedad de Amigos del País, etc.

La continua liberación de terrenos por los derribos practicados durante las últimas décadas del siglo, permitió que los solares resultantes se consolidasen como espacios lúdicos, constituyendo el génesis del actual paseo. En 1884 se realiza la primera plantación de árboles en el Llano de las Coronadas, constituyendo el precedente más remoto de los distintos ajardinamientos que se le realizaron en el transcurso del siglo XX.

Con el inicio de la nueva centuria se produjo el primer cambio de nomenclatura que afectó a este lugar. Por acuerdo tomado el 8 de marzo de 1902, a iniciativa del regidor y Síndico José Castillo, pasó a denominarse Plaza del Marqués de Senda Blanca.

……. Que bajo los fundamentos citados proponía que la calle o plaza llamada de la Coronada fuese sustituido su nombre por el del General Carrillo, Marqués de Senda Blanca, que es uno de los preclaros hijos de esta población, que desde las más altas esferas, ha prestado servicios a la misma. Siendo el que en el Reinado de Don Amadeo de Saboya, Desempeñó el honroso cargo de Diputado en las Cortes españolas….

La primera reforma del solar que había generado el derribo del convento e iglesia se llevó a cabo en 1916. Tras el preceptivo rebaje y nivelación de todo el recinto se plantaron numerosos árboles y se cimentó el basamento del primer “Tablao de la Música”. En 1918 se realizó el ajardinamiento general del paseo, construyéndose arriates de mampostería y colocándose bancos y asientos de madera para el descanso de las personas que concurrían al mismo. Por esas décadas era vecino de la Plaza Francisco Toro González, alcalde de Aguilar por el Partido Liberal desde febrero de 1921 hasta abril de 1922.

Durante el primer tercio del siglo XX mantuvo su primitivo cometido de espacio comercial de la población, ubicándose en el mismo diversos establecimientos y profesionales de oficios liberales, como muestra la relación de matrículas de contribución industrial de 1926:

NÚMERO VECINO OFICIO
Nº 1 José Solano Pérez Confitero y café de 30
Nº 2 Juan Jurado López Farmacéutico
Nº 3 José Sotomayor Flores Procurador
Nº 4 José Morales de la Pascua Procurador
Nº 5 Rafael Bérchez Ruiz Casa de Pupilos
Nº 5 Horacio Valentín Gamero Abogado
Nº 5 Antonio Jiménez la Cruz Abogado
Nº 5 AlbertoÁlvarez Sotomayor Procurador
Nº 13 Antonio Pulido Martín Comerciante
Nº 15 José Criado Pino Vinos generosos
Nº 16 Francisco López León Taberna
Nº 18 Juan Luque Ortega Abogado
Nº 20 Rafael López Romero Prensa hidráulica a motor
Nº 20 J. Manuel Zurera Hierro Buñuelos al aire libre

AMA. Padrón de Matrícula Industrial 1926. Leg, 143. Elaboración Propia

Por ese tiempo habitaba la casa número 4 el procurador José Morales de la Pascua, quién pocos años después estableció en su vivienda una de las primeras imprentas (modernas), que se registran en Aguilar. Con el nombre de “la Veloz” existía ya en 1933, anotándose como “Taller imprenta–máquina Victoria”. Destacaba también el abogado Juan Luque Ortega, quien ocupó la alcaldía en los años 1911-1912. La estratégica situación urbana del lugar justifica la presencia en el mismo de varios Casinos -ya existentes desde mediados del siglo XIX-, y populares tabernas como: el “bar Perú”; “bar Café Pérez”; “las Tres Ruedas”; “el Tricornio”; Juan XXIII, o la actual ” los Curritos”.

Se realizaron importantes obras al Paseo y Plaza del Marqués de Senda Blanca durante el primer tercio del siglo XX, coincidiendo con la dictadura del general Miguel Primo de Rivera, en la que ocupó la alcaldía Vicente Romero García de Leaniz. Otras importantes obras se ejecutaron en 1950 por el alcalde Agustín Aranda Romero, con las que se dotó al paseo del primer pavimento de baldosas.

En el mismo año aconteció un nuevo cambio de nomenclatura que afectó sólo a la zona ajardinada. La repentina muerte de Agustín Aranda motivó que en su recuerdo y memoria la Corporación Municipal rotulase con su nombre el paseo que ocupaba el centro de la Plaza. Se produjo así una división entre la zona perimetral del recinto, que mantuvo el nombre de Plaza del Marqués de Senda Blanca, y el recinto ajardinado propiamente dicho, que pasó a denominarse Paseo de Agustín Aranda.

Durante la primera mitad del siglo XX mantuvo el estatus de centro urbano de la población y lugar de recreo más importante al estar ubicado en ella el teatro de varietés y cine de verano que desde décadas atrás se había levantado en el solar que ocupó la iglesia de la Coronada.

En esos años mermó su carácter comercial al desaparecer algunos establecimientos que existieron en este lugar. Aún así se mantuvieron los más tradicionales, como las dos boticas cuya ubicación en este emplazamiento se remonta al siglo XVII. El padrón de habitantes de 1940 refleja la analogía que mantenía con épocas anteriores al subsistir varios comercios y desarrollar profesiones liberales la mayoría de los vecinos:

NÚMERO VECINO OFICIO
Nº 1 Teresa Toro González Propietaria
Nº 1 D. José Solano Pérez Confitero
Nº 2 Juan Jurado García Farmacéutico
Nº 3 A. Sotomayor Medrano Comerciante
Nº 4 Ángel Toro Gutiérrez Administrador
Nº 4 José Morales de la Pascua Procurador
Nº 5 Rafael Bérchez Ruiz Fondista
Nº 5 Fernando Sánchez Pérez Abogado
Nº 6 Francisco Rosa Romero Industrial
Nº 7 Manuel Barragán Miranda Funcionario Municipal
Nº 8 Antonio Luque García Agricultor
Nº 12 Antonio Jiménez Gallardo Sirviente
Nº 14 Antonio Vicente Galera Jefe de negociado
Nº 15 Diego Pérez Jiménez Farmacéutico
Nº 16 Miguel Palma Pericet Dependiente farmacia
Nº 17 Andrea Valle Varo  
Nº 17 Esperanza Varo López  
Nº 18 Juan de Luque Ortega Abogado
Nº 19 Diego Lora Lucena Comerciante
     

AMA. Padrón de Habitantes 1940. S/C. Elaboración Propia

La Plaza del Marqués de Senda Blanca mantuvo durante la segunda mitad del siglo el estrato social de sus moradores, perteneciendo algunos a las familias más acomodadas de la población, tal era el caso de los Ponce de León, cuya vivienda, totalmente reformada, fue visitada por Franco el 5 de mayo de 1961.

Durante este periodo se ejecutaron importantes obras de reforma que afectaron considerablemente a la ornamentación y estética del lugar. Dos de ellas tuvieron como marco exclusivo al recinto del paseo. En la primera se actuó sobre al solar del Cine de Verano que, tras ser vendido por el Ayuntamiento en 1973, se transformó en un aparatoso bloque de viviendas que limitó considerablemente las óptimas condiciones climatológicas que presentaba el recinto ajardinado. La segunda, llevada a cabo en la década de 1980, transformó radicalmente el paseo en cuanto a su estética, al modificarle elementos como el pavimento, mobiliario, caseta bar, etc.

Hay que destacar como acontecimiento histórico del siglo XX, que tuvo como marco este lugar, la visita que realizaron a Aguilar los reyes de España, Juan Carlos y Sofía, el 3 de abril de 1976, siendo recibidos por la Corporación Municipal en la Plaza del Marqués de Senda Blanca (puerta del Casino), por encontrarse en obras la Plaza de San José.

En 1979 se tomó el acuerdo por el que se le restituyó su primitiva nomenclatura de Llano de las Coronadas, no afectando este acuerdo a la zona del paseo, para la que se preservó el nombre de Agustín Aranda, aunque popularmente se le sigue denominando como Llano de las Coronadas al conjunto de la zona. En el 2010 han sido sometidos ambos a una profunda remodelación con la que se ha alterado todos los elementos originarios de este lugar.

 DATOS NOMENCLATURAS

LLANO DE LAS CORONADAS: deriva de la advocación de Nuestra Señora de la Asunción Coronada, Titular de la ermita que mandó construir Don Alonso de Aguilar en este lugar a finales del siglo XV. Junto a la ermita se levantó a mediados del XVI un convento de monjas Clarisas que fueron conocidas popularmente como las Coronadas. Tras la desaparición del templo, el grupo escultórico de la Coronación de la Virgen se trasladó al cercano convento de las Carmelitas Descalzas, en cuya clausura se conserva actualmente.

PLAZA DE LA COSNTITUCIÓN: lo mantuvo durante un corto espacio de tiempo en homenaje a la Primera Constitución Española, proclamada por las Cortes de Cádiz en 1812.

PLAZA DEL MARQUÉS DE SENDA BLANCA: título nobiliario concedido al general de división Rafael Carrillo de Albornoz y Gutiérrez de Salamanca por el rey Alfonso XII. Nació en Aguilar el 1 de diciembre de 1816 y fue hijo de una de las familias de más noble linaje de este pueblo. Cursó estudios de Filosofía y Letras en Granada, ingresando posteriormente en el ejército, donde desarrolló una brillante carrera militar. Fue un destacado político en el bando Liberal, alcanzando el puesto de diputado en Cortes. Fue senador, consejero provincial y alcalde de la ciudad de Almería. Fue gobernador civil de la provincia de Córdoba durante siete años.

Tras su jubilación, en 1882, regresó al pueblo natal donde residió hasta su fallecimiento el 7 de enero de 1911. Al general Rafael Carrillo se debe la iniciativa de incoar el expediente para la concesión del Título de Ciudad a la Villa de Aguilar de la Frontera en 1877.

PASEO DE AGUSTÍN ARANDA: Agustín Aranda Romero nació en Aguilar el 12 de abril de 1916 en el seno de una de las familias de la burguesía local. Profesionalmente ejerció como abogado, dedicándose a la vida pública a partir del 21 de mayo de 1949, fecha en la que fue nombrado alcalde de Aguilar. Su repentino fallecimiento el 14 de junio de 1950 sesgó su mandato al frente de la alcaldía. En tan sólo un año que ejerció el cargo destacó su gestión para la reforma del Llano de las Coronadas, cuyas obras fueron concluidas por su hermano, José Aranda, quien ocupó la vacante de la alcaldía.

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