Solemnes y solitarias campanadas

El aspecto que ofrecía la plaza de los Desamparados a las 12 de la noche del ayer, 31 de diciembre, no podía ser más desolador. Tan solo 12 personas, una por campanada, atendieron la invitación que el alcalde había realizado en su Bando de Navidad, y acudió a despedir el año junto al emblemático monumento de Aguilar.

Del evento y fiesta que el alcalde anunciaba en su mensaje, nada de nada. Por no haber no estaba ni el alcalde, ni ningún miembro del equipo de gobierno que lo representase, léase concejal de Fiestas, que sería el más indicado. La única autoridad presente, los dos Municipales que acudieron por si la convocatoria del alcalde había desbordado el lugar, y el portavoz de IU que acudió como corresponsal gráfico de este periódico.

Calificar como fiesta lo que el Ayuntamiento programó para el acto de las campanadas en la Torre, absulutamente nada, resulta más que pretensioso. Revisando el texto del Bando, he advertido que éste se firmó el 27 de diciembre y se colocó el 28, por lo que quizás el inocente haya sido éste reportero que creyó que lo que decía y firmaba el alcalde iba a misa.

Ni hubo fiesta ni evento por parte del Ayuntamiento, pero tampoco lo hecho en falta el reducido grupo de personas que acudieron al lugar, ya que comerse las uvas y despedir el año junto a la Torre del Reloj de Aguilar, es un lujo impagable que solo supieron disfrutar unos pocos elegidos. La solemnidad y rotundidad con que sonaron las doces campanadas bajo la esbelta y bella Torre del Reloj, envuelta en el atronador silencio que imperaba en el cerro de la Silera, no tiene parangón con las reiterativas y bullangueras campanadas de la tele. Esta claro que la excelencia de vivir este acto junto a la única Torre exenta cordobesa es un elixir que saben apreciar muy pocos dioses. Yo volveré el año que viene….., si estamos vivos.

  

 

 

 

 

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