Autor foto: Baldomero Maestre Ballesteros
Como unos vecinos más de barrio, cada mañana acuden a pasar su ratito de sosiego en el asiento de forja situado junto a la Asociación de Vecinos. En él toman los rayos del sol junto a las personas mayores que entretienen su tiempo en el local de la entidad vecinal jugando a las cartas, leyendo el periódico, o en amena tertulia en la puerta del bar.
Aunque no tienen nombre, los niños y mayores de la zona los conocen como los gatos del Cerro. Todos los días repiten el ritual de tomar como descansadero uno de los bancos de esta plazoleta de la barriada, acomodándose en él con postura y estado soñoliento, para pasar parte de la mañana. Si alguien intimida su tranquilidad, ellos abandonan el improvisado trono, pero permanecerán merodeando junto a él hasta conseguir de nuevo acomodarse en sus hierros para proseguir su merecido descanso tras consumar la larga noche de cacería.




