Autor Foto: Antonio Maestre Ballesteros
A pesar de ser uno de los templos menos conocidos del pueblo, los versados en arte reconocen la monumentalidad y singularidad de este vetusto edificio religioso, cuya fachada está considerada una de las más y bellas del patrimonio cordobés. De ella destaca la majestuosa torre campanario que se eleva en el centro de la misma, entre las dos portadas que se sitúan en cada lateral de la base de la torre. Su arquitectura neoclásica muestra los tres órdenes clásicos del arte griego: en el s. VII a. C. se concretaron los órdenes dórico y jónico, y en la segunda mitad del s. V a. C. el corintio.
Contemplando con detalle la majestuosa torre podemos advertir infinidad de detalles arquitectónicos como el que aparece en el centro de la primera cornisa, una cabeza de toro, de cuyos cuernos prenden sendas colgaduras de florituras. Desconocemos su simbología. Posiblemente se pueda relacionar con la del cuerno de la abundancia proveniente de la mitología griega, o quizás con la fortaleza animal, representada por la cabeza de toro, que sostiene la torre, o tal vez, como hipótesis más remota, con el Evangelista San Lucas, que se representa también con la cabeza de este animal.
Lo curioso de la fotografía no está en el hecho de mostrar este elemento arquitectónico, sino en comprobar cómo la casualidad ha querido que, justo en la boca del animal crezcan varias plantas que parecen alimentarlo, y que en el instante de tomar la fotografía se posase entre sus cuernos un palomo, animal que puede simbolizar, por mérito propio, todo lo contrario a la cabeza de toro: la destrucción del templo




