Es bastante común ver en los mese y noches de verano a las conocidas salamanquesas fijadas a las paredes de edificios en torno a las farolas que iluminan las calles o viviendas, conviviendo con los seres humanos, aunque a algunos les cause espanto e incluso repugnancia, siendo como son totalmente inofensivas.
Debido a que son de sangre fría y no pueden controlar su temperatura corporal internamente, deben asolearse o ubicarse a la sombra en función de las condiciones climáticas reinantes. De esta manera regulan su temperatura corporal. Por esta razón, durante el invierno (en zonas templadas) se ven obligados a hibernar, si la abundancia de lluvia no les provoca contingentes como le ocurrió a la que aparece en la fotografía, que tras caer del tejado del Carmen intentaba subir por la pared sin conseguir adherirse a la misma por el exceso de humedad.



