Es corriente en estos días encontrar en las calles, plazas o patios particulares algunas de las crías de gorriones que en sus primeras voladas, tras abandonar el nido, acaban en el suelo sin poder remontar el vuelo, mientras la madre exasperada revolotea a su alrededor intentando defendedlo de cualquier mal que pudiera ocurrirle.
Menos común es encontrarse en esa tesitura a unas crías de Cernícalo Primilla. La pareja de jóvenes aves falconiformes se cobijan entre los maceteros del patio de la Iglesia de los Desamparados. A su lado un pequeño topillo o ratón medio comido que los padres le han lanzado mientras revolotean sobre los tejados del viejo edificio intentando protegerlos.




