Los hornos de cocción ennegrecidos por el fuego y el humo constituían la imagen inconfundible de esta ancestral industria que evolucionaba lentamente en los años centrales del pasado siglo XX, en los que las carretillas de gasoil corrían ya por las explanadas donde se apilaban las distintas variedades de ladrillos que se fabricaban a diario. A pesar de este avance, el duro trabajo a la intemperie durante los calurosos meses del verano requería de un ingente esfuerzo físico que hacía agotadora la faena de los trabajadores del tejar.

Imágenes Vividas (806)
Hay ausencias que el tiempo termina por sanar, hasta el punto de permitirnos volver la vista atrás sin tristeza, porque el amor de una madre tiene la virtud de mitigar


