Antonia Parrado: 'De la rebeldía del sillón a la rebeldía activa'

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«Tengo un montón de años: 70». Antonia Parrado es dueña de un acento andaluz que la rejuvenece. Vivaz y afable, habla de su vida, marcada indeleblemente por la muerte de un hijo, Julio, fulminado por un misil cuando cubría para EL MUNDO la guerra de Irak.

«Allí donde esté quiero que sepa que su madre sigue tan luchadora como siempre». Y no pierde el ánimo. «Cuando sucedió aquello quise desaparecer de la tierra. Si de primeras no me pegué un tiro, entonces no quedaba más que seguir adelante». Y lo dice justo cuando el debate está dominado por un nuevo riesgo de intervención en Siria. «En mi nombre, no a la guerra. Por nada del mundo».

Antonia Parrado es de Bujalance (Córdoba). Su padre era carpintero, emigrante de interior, de los que sudaron sangre para pagarle los estudios de Magisterio. Y ella lo aprovechó. En el 64 sacó sus primeras oposiciones. Luego se casó. El novio, el califa de Córdoba, Julio Anguita. «Por la Iglesia, como mandaba la época». Tres hijos.

Con el mayor en brazos, trabajaba y estudiaba en la recién estrenada Facultad de Filosofía y Letras cordobesa. Años más tarde aprobó las oposiciones deInspección Educativa. «La mitad de mi vida he sido maestra, la otra mitad inspectora», explica. Ahora, ya jubilada, ha decidido zambullirse en la política -antes fue teniente de alcalde en el Ayuntamiento de Córdoba-, algo que nunca hizo mientras duró su matrimonio con el histórico líder comunista, pese a que sus principios siempre han sido de izquierdas «muy arraigados».

Su móvil: «No era feliz», dice, «sentía una rebeldía enorme. Mi compromiso comenzó con las asambleas». Hoy figura como número uno de la lista de IU-Ahora en Común por Córdoba. Si logra un escaño en el Congreso «lucharía por los servicios sociales y por la dignidad de las personas». De los últimos cuatro años lamenta «el empobrecimiento de tanta gente, el acostumbrarse a la precariedad, el que se haya perdido la ilusión».

«Sólo pensar que a muchos las personas ya no les importan, me suscita rebeldía y hace que me sienta dispuesta. He pasado de ser una rebelde de sillón a ser una rebelde activa», dice. Su deseo para la legislatura pasa por ver que la juventud «ya no se va, que aquí tiene oportunidades». Quizá piensa en su nieta. Sólo tiene ocho años y ve en ella el futuro.

En Alberto Garzón, el líder de IU, asegura haber encontrado «honradez y generosidad». «Podría tener otra vida mucho más cómoda», afirma, «pero en él prima la coherencia y la honestidad». Eso es lo que la tiene enganchada. A ella que, a estas alturas, podría dedicarse a viajar -«es lo que más me gusta porque soy muy curiosa», confiesa-; a leer -tiene debilidad por Almudena Grandes-; a pasear y a ir al cine. «Soy malísima para los títulos. Mi última peli ha sido Truman, la de Darín». «Tengo ya poca memoria», lamenta. «No me extrañaría que mi nieta, que aún no me ha preguntado nada de esta aventura política, piense: ¿Pero dónde se ha metido ahora mi abuela?».

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