La Placilla Vieja, Cuesta de Jesús, calle María Coronel y paseo del Castillo se han convertido durante el pasado fin de semana en el epicentro de la actividad lúdica y cultural de Aguilar al concentrarse en este entorno varias de las actividades que han acaparado el interés de los vecinos. La Noche de la Media Luna, como reclamo turístico-cultural, ha alcanzado en este año 2017 su vigésima edición, y ha vuelto a llenar las noches veraniegas de Aguilar con el embrujo y magia que origina la recreación de los hechos que acontecieron en estos emblemáticos lugares de la renombrada Poley a finales del siglo XIV y principios del siglo XV.
En el entono del templo parroquial, la calle Villa, y las ruinas de la fortaleza de los Aguiar, los Fernández Coronel, y los Fernández de Córdoba, se revivieron los acontecimientos ocurridos durante el reinado de Pedro I, el Cruel. Sin duda, es una de las etapas más representativas del poder que tuvo esta Villa y su importante ubicación estratégica en la frontera musulmana, que le llevó al enfrentamiento mantenido entre el Señor de Aguilar y el mismísimo rey Pedro I.
Las representaciones, en la que más de cien voluntarios dan vida a los personajes más representativos de la época y al pueblo tuvieron lugar en la noche del viernes y del sábado con tres turnos cada día. Más de medio millar de personas acudieron a contemplar los recorridos y las ocho escenas en las que se narran y reproducen en su contexto histórico hechos como: la petición de asilo para el féretro del rey Alfonso XI en Medina Sidonia, el asedio de las tropas de Pedro I, la muerte de Alfonso Fernández Coronel y los enfrentamientos de su hija con doña María de Portugal. También, la devolución del nombre de Aguilar, tras la vuelta de Enrique II, su donación del Señorío y la reconstrucción del castillo.
Las envejecidas piedras que encumbran las ruinas del Castillo de Luna custodian los espíritus de quienes habitaron y murieron en estos lugares como testigos silenciosos del paso del tiempo y la historia. El recorrido concluyó en la antigua cantera del Castillo donde se podía degustar productos de la época. Se completaba la ambientación con el Mercado Medieval establecido en las calles aledañas a la Parroquia donde el público pudo degustar bebidas y comidas propias de la época y relajarse tras atravesar la puerta del tiempo y la historia.








