Si el tiempo no lo impide, en la noche del Viernes Santo se vivirá uno del los momentos más bellos e impresionantes de nuestra Semana Santa. El Santo Sepulcro cruzará la madrugada rompiendo el silencio con el unísono rachear de horquillas y los lastimeros cantos del Miserere mei, Deus: secundum magnam misericordiam tuam. Y en la calle Villa, el lúgubre cortejo dejará una huella de campanas mudas.
Foto: Tolo.




