Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
Recordaba al memorable Machado al contemplar esta mañana la colosal silueta del olmo seco apresado tras la blanqueada pared del viejo cortijo en ruinas. Ya no habrá más primaveras para el centenario árbol vigía de la alquería que corona el Cerro Tabarra. Detenido junto a su imaginaria sombra pensaba en los versos del poeta sevillano:
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.




