Cronología de un positivo Covid.

Antonio Maestre Ballesteros

Me ha animado a escribir y describir mi experiencia como positivo Covid el hecho de que quizás pueda tener algún interés para alguien o sensibilizar, a quienes aun no lo han padecido, de que puede llegar a ser una cosa irreversible que lleva aparejada la muerte.

Por mi trabajo, de contacto directo y continuado con numerosas personas, locales y foráneas, siempre tuve la convicción de que tarde o temprano me tocaría sufrir el Covid a pesar de ser fiel cumplidor y respetuoso con las medidas sanitarias preventivas aconsejadas (siempre llevo mascarilla FFP2).

El hecho de que recibiese la primera y segunda vacuna (AstraZeneca) me había conferido cierta tranquilidad, entendiendo  que sería más improbable que pudiese infectarme y si además mantenía el mismo rigor en el cuidado, entendía casi improbable que pudiese ser positivo ya. Pero, desgraciadamente, no ha sido así, y aun con las dos vacunas, he tenido el virus.

Precisamente, el contagio se produjo al día siguiente al de recibir la segunda dosis, que fue el día 1 de julio, y por lo que he podido deducir, el contacto con el positivo  se produjo el viernes día 2. Ese día necesite reunirme con un profesional del pueblo para atender una cuestión municipal y visitar un taller. Esta persona me recogió con su vehículo y nos trasladamos a la factoría y posteriormente me devolvió al Ayuntamiento. Creo que en el interior del coche no estaríamos más de 10 minutos en cada viaje y unos 15 en la gestión en el taller.

En todo momento mantuve mi mascarilla puesta, circunstancia que no se dio en la otra persona. Una imprudencia grave por su parte y quizás también por la mía al no exigirle que se la pusiese. Pero, claro, jamás pude sospechar que en esos momentos recibiría la carga vírica que me generó la enfermedad. Quiero creer que él no era consciente de que era positivo.

Durante el fin de semana nada sentí que indicase que estuviese engendrando los síntomas. Aunque el domingo si me percate de lo oscura que era la defecación, cosa que me extrañó pues no había comido nada que indujera a ello. Como quede un poco escamado, el lunes también lo observe y mantenía la misma tonalidad oscura, lo que me alertó de que algo estaba ocurriendo en mi cuerpo, pero sin sospechar para nada que eso pudiese tener alguna relación con el Covid.

El lunes inicie mi jornada laboral con normalidad y estuve sin ningún síntoma que denotase que pudiese estar sufriendo el contagio. Totalmente ajeno a lo que sucedería poco después, hice vida normal y el martes nuevamente estuve realizando mi trabajo con normalidad hasta que al medio día comencé a sentirme bastante agotado, pero sin  darle mayor importancia, pues son jornadas de mucha briaga y estrés que se puede traducir en  una sobrecarga muscular o mental.

Ya durante la tarde el cuerpo fue cambiando, y lo que creía cansancio se convirtió en malestar general y primeros síntomas de fiebre, una fiebre que se mantuvo durante la noche. En principio pensé que podía obedecer a algún enfriamiento de la garganta por el agua fría o un pequeño refriado, pero lo cierto es que no me dolía la garganta y no tenía tos, pero tampoco podría imaginar que tuviera relación con el Covid.

 Desde la tarde del martes ya no me faltaron cada 6 horas la pastilla de Paracetamol para intentar mantener a raya la fiebre, cosa que no se conseguía. El miércoles 7 de julio volví al trabajo, ya con cansancio general y mal cuerpo, y tan evidente era que mis compañeros me lo notaron, por lo que decidí inmediatamente  ir al Centro de Salud para que me viese un médico.

En la consulta me hicieron varias preguntas, le relate que había comenzando con un cuadro febril intenso el día de antes y bastante “desasosiego” con dolores musculares. La receta fue que me hiciese la prueba PCR al día siguiente y que mantuviese el Paracetamol para la fiebre. La tónica de la noche fue igual y el termómetro se situaba en los 40 grados casi continuados.

A las 8 de la mañana del jueves estaba en la puerta de Urgencias para hacerme la prueba. Me costó, ya que no aparecía en el listado y tuve que gestionar en la centralita que me incluyese. Finalmente me la hicieron y me volví a mi casa para permanecer encerrado esperando el resultado. El estado de salud seguía degradándose y a duras penas podía hacer reposo tomando los analgésicos-antitérmicos.

Ese día recibir un encargo de trabajo para el profesional con el que estuve el viernes anterior, y tras comunicar con él por teléfono, me anuncia que no puede atender el trabajo porque es positivo Covid. En ese momento entendí que él fue mi trasmisor, pero aun estaba esperando el resultado de la PCR.

La mañana del viernes me comunicaron el resultado- negativo- . La noticia me consternó un poco pues esperaba ser positivo, creyendo que ya lo más malo lo había pasado y solo quedaba esperar que pasasen algunos días más para concluir el ciclo (mi temor era que si era negativo, las fiebres tan grandes podrían tener  otra causa quizás más grave que el Cobid, pensé, y eso me asustó). 

Como la situación no mejoraba nada, ese mismo viernes pude constatar con mi médica por teléfono y esta, ante el resultado negativo, pero la evidencia de los síntomas, me recetó tres pastillas de antibiótico. Las mismas que tome durante el fin de semana sin que sintiera ninguna mejoría ni alivio, todo lo contrario, el cuerpo cada vez se mostraba más agotado por las fiebres y la falta de ingestión de alimentos.

El Lunes, 12 de julio, ante el agotamiento que sufría y el haber aparecido la tos, decidí ir al centro de salud para que me viese la doctora. Esta me recibió con cita y me mando a otra doctora en la planta baja, que a su vez me auscultó, me miró la garganta y me dijo que no encontraba nada extraño que fuese causa de las altas fiebres que sufría. Me mandó repetir la prueba. Así lo hice el martes 13, y el miércoles 14, a primera hora de la mañana me confirman que era positivo.

La verdad es que en ese momento tome conciencia de la gravedad de la situación, pues ya sentía también presión en el pecho sintomática de que la respiración se estaba afectando. En ese instante se rompió la idea que tenía de que no me iba a “tocar” a mí y también que “no era más que un cuadro vírico”… (Familiares cercanos acababan de pasarlo casi asintomáticos y sin ningún problema) pero lo mío era distinto.

Ya no sentía la idea de que mejoría en poco tiempo, todo lo contrario, empecé a ser consciente de que algo no iba bien, o muy mal. Por eso no esperé a ponerme en contacto con mi médica, y decidí irme a Montilla. Un familiar me gestionó en el Centro de Salud el traslado en una ambulancia, ya que no cuento con vehículo. Con alguna dificultad, pero finalmente llegó la ambulancia y me trasladó al Hospital.  

En Urgencias me practican las primeras pruebas, análisis y placa, y al rato el doctor me comunica que hay una pequeña neumonía y que considera que era bueno, pues estaba en los días más duros de la infección, tenerme controlado. La verdad es que, a pesar de lo  duro que suena que te ingresan, en cierta medida sentir alivio, ya que era consciente de que estaba mal y era lo más recomendable, además, el permanecer en mi casa suponía mantener en riesgo a mi mujer.

El ingreso fue un poco accidentado (psicológicamente), ya que, no sé si por error, no me suben a planta si no que me llevan a la UCI y me monitorizan. Nadie me daba explicación y entonces si comencé a pensar que la cosa estaba muy mal. El miedo  empezó a asaltarme, pues recordé las palabras de un  buen amigo que había pasado este trance y me lo resumió diciendo que estar en la UCI con Covid es echar la moneda al aire, y puede caer  cara o cruz. Entendí la gravedad de la situación y fue entonces cuando empecé a sentir el miedo a una posible muerte inminente.

 Por suerte, como unos quince minutos después me avisan de que me llevan a planta, noticia que sin duda me revivió tanto el ánimo como el cuerpo, pues los malos pensamientos me estaban venciendo ante el miedo a la enfermedad, pero también ante al extravió familiar que podría originar.

Nada más entrar en la zona Covid de la planta descubrí que éramos casi todos del pueblo. Conmigo estábamos ya 4 aguilarenses en planta, y según me dijeron, alguno más en UCI. Mi compañero de habitación, de 87 años, llevaba ya más de una semana solo en el cuarto, por lo que mi llegada le dio mucha alegría y ánimo. A mí también el que estuviese él, porque enseguida vi reflejado el sufrimiento que tuvo mi padre, que estuvo un mes ingresado con Covid, una cadera rota y totalmente sordo.

Por eso, y a pesar de que no soy muy extrovertido, en la medida que pude no pare de hablarle y preguntarle por todo lo que se me ocurría durante los cuatro días que compartimos habitación, incluso desenchufamos la tele para obligarnos a hablar. La cosa comenzó bien para los dos, pues los controles que nos hacían estaban dando resultados positivos al no tener fiebre y la densidad de oxigeno bastante bien, aunque en su caso con ayuda. 

Aunque no podía abandonar la habitación, al estar la puerta abierta pude conectar y ver desde lejos a otra paisana, Marí, que estaba ya en planta pero había pasado cinco días en UCI en una situación muy seria y grave. Por suerte estaba remontando, y su conversación, aunque fuese desde lejos, también ayudó a pasar estos días con algo más de ánimo.      

Desde que entre en la planta ya no tuve más episodios de fiebre por lo que el cuerpo comenzó a reponerse un poquito.  Tras un control Radiológico, sí me lleve un pequeño gran susto, ya que la doctora me comunicaba que, tras revisar la placa realizada,  parecía que la neumonía se había acrecentado un poco, pero que continuaría con el mismo tratamiento de corticoides, que era el mínimo, si no aparecía la fiebre.

Cuál no sería mi semblante ante la mala nueva, que unas horas después la enfermera volvió, por recomendación de la médica, para anunciarme que tras consultar con el radiólogo convinieron que no había tal alteración. De nuevo me llene de ánimo en la espera de que llegase el lunes donde me habían programado analítica y placa, y si no había novedad me daban el alta.

Era viernes 16 de julio. Me había quedado solo en la habitación porque al amigo Juan lo habían bajado a UCI al aparecer un cuadro respiratorio descontrolado. Mi cuerpo parecía que remontaba ya la infección Covid, incluso la deposición de la mañana mostraba ya trozos oscuros pero otros más claros.

Pasé todo el sábado caminando por la habitación, como había hecho durante todos los días que estuve ingresado. Y esa noche, incluso volví a encender la tele para ver un programa de música de Canal Sur. Parece que el susto estaba desapareciendo ante los buenos síntomas y resultados de  los controles de temperatura, condensación de oxigeno, incluso de la tensión que se me había regulado sola. 

Estaba esperanzador porque me anunciaron que me adelantaban las pruebas  al domingo ante los buenos resultados, y si no había novedad me daban el alta hospitalaria. Así ocurrió. A las 9 de la mañana ya tenía el alta médica, cosa que recibí con cierto recelo pues temía que al volver a casa pudiese reproducirse algún síntoma, y el tener que volver de nuevo al hospital sería un palo psicológico muy duro.

A primera hora de la mañana me encontré otra sorpresa, ingresaban en mi habitación a un amigo con el mismo cuadro febril que el mío, o quizás algo más agravado. La verdad que no me hubiese importado quedarme varios días más por acompañarlo, y sobre todo por venirme yo más tranquilo en cuanto a mi recuperación. Incluso lo solicite, pero solo me autorizaban a estar esa noche, por lo que preferí volverme a casa.

Tras varias horas esperando la ambulancia me entregaron la documentación con un tratamiento de corticoides y una dosis de heparina para prevenir las trombosis, que tendría que realizar durante toda una semana que debía permanecer aislado. También una cita de analítica y placa para volver en un mes a una revisión de la neumonía.   

 El 18 de julio estaba ya en casa con la situación bastante favorable para que evolucionase en positivo, como así ha sido. Y el 26, como me indicaron, vuelvo a la normalidad del trabajo y rutinas tras 21 un días de enfermedad, cinco de ellos hospitalizado..

Es difícil encontrar palabras de agradecimiento por los cuidados, cariño y profesionalidad recibida y transmitida en el hospital. He visto unión, codo con codo, de todos los estamentos, he observado que existe la vocación de servicio y ayuda a los demás. La alegría, la ilusión, el cariño que desprendían te hacía luchar y creer firmemente en la victoria.

La salud importa, la vida y el bienestar del prójimo son los retos de estos profesionales y así lo han demostrado. MUCHAS GRACIAS A TODOS

Debo tener palabras de agradecimiento para todos por la gran cantidad de muestras de cariño, apoyo y fuerza recibidos. Cada mensaje, llamada, palabras, iban insuflando fuerza e ilusión para volver de nuevo a la vida.

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