TE DESPEDIREMOS DEL SOL Y DE LOS TRIGOS

Un buen día llegas a trabajar y ves que hay algo en el ambiente que ha cambiado: algunos ojos llorosos, los pasos arrastrados de gente a la que le pesa la pena, caras sombrías, el sonido permanente del teléfono…y preguntas qué ocurre y te cuentan que un compañero falleció anoche de manera fulminante sin que nadie sepa explicarse por qué. Yo trato de ubicarlo (porque somos muchos) y repito su nombre varias veces para verificar su identidad dentro del caos de mi incertidumbre.

De repente callamos, nos miramos a los ojos y, por un momento, un silencio espeso se hace dueño del espacio que ocupamos.

Siempre he pensado que el silencio es la máxima expresión de nuestra impotencia. Ese no saber qué decir, qué hacer, qué nombre poner a lo que sientes cuando algo se impone sin pedir permiso. Dura poco, alguien lo rompe para hablar de él y acercarlo de nuevo a nosotros para que no se evapore, tan pronto.

Se suceden preguntas como de dónde era, si tenía familia, qué equipo de futbol le gustaba, con quién se fumó el último cigarro, qué edad tenía…vamos reconstruyendo los pequeños trozos de puzzle que compartió con cada uno de nosotros para componer una imagen lo más completa posible.

Alguien también evoca su gran profesionalidad. No sólo hacía su trabajo, sino que conseguía vencer las dificultades con el arte de quien parece que no le cuesta hacerlo. Quien más cerca suyo estuvo habla de que era buena gente: amable, compañero, dispuesto a echar una mano.

No era del pueblo, sabíamos poco de él, pero en el breve camino de nuestro trayecto juntos, consiguió impregnar su huella y parte de su esencia en nosotros y en los proyectos en los que estaba implicado. Proyectos que se quedarán en nuestro pueblo y de los que fue sin duda partícipe.

Me acerco a su puesto de trabajo para hablar con las personas que tenía más cerca y se me rompe el corazón al ver a su compañero de mesa y desayunos con los ojos anegados y un nudo en la garganta que le impiden hablar. Bebe agua para bajar la pena.

Hoy es un mal día para seguir trabajando como si nada hubiera pasado…pero no, hemos arrastrado las horas y nuestras obligaciones hasta el final de la jornada. Hasta las dos de la tarde, en el que apagamos “el botón” de nuestra faceta de trabajadores para encender el de nuestras vidas privadas. Quizás ahí demos rienda suelta a los sentimientos que hemos acumulado con la entereza de la que cada uno de nosotros hemos sido capaces.

Así es como sigue la vida, haciendo como si la muerte no lo detuviera todo…

Un 27 de agosto de 2021 José Luís Carnero, Ingeniero en el Ayuntamiento de Aguilar de la Frontera, no se incorporó a su puesto de trabajo, porque se le acabó la vida. Hoy no ha sido un día cualquiera para las personas de este ayuntamiento, hoy todo ha estado presidido por tu ausencia.

Gracias por todo compañero… te despediremos del sol y de los trigos

Carmen Zurera Maestre

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