Alguien dijo que el verano siempre ha sido un estado mental y quizás no le falte razón. Contamos los días que nos faltan para llegar porque en el podemos recrearnos en esos paisajes que tanto nos gustan y saborear las pequeñas cosas. Un verano para vivir con los cinco sentidos la temporada estival donde disfrutar esos atardeceres con puesta de sol perfectas, con sonidos y sabores propios, que tanto nos merecemos.
El sol se pone todos los días, es cierto; pero no siempre tenemos la ocasión de disfrutar del atardecer. De ir más allá de lo que alcanza nuestra ventana. Porque semejante espectáculo no espera por nadie. Tenemos que estar presentes en el momento exacto, cuando el sol empieza a teñir suavemente el cielo de tonalidades anaranjadas y violetas. En el mirador del cerro de San Cristóbal el ocaso tiene tintes teatrales, enmarcado entre la esbelta silueta del icónico monumento de la Torre del Reloj.




