En los meses fríos con noches largas y anticiclón persistente hace acto de presencia la niebla que cubre nuestros campos y río, y en ocasiones se encumbra hasta lo más alto del pueblo ocultando con su sombra las viejas ruinas del Castillo de Aguilar.
Dice el refrán que mañanitas de niebla, tardes de paseo, que vendría a ser igual a niebla por la mañana, tarde de damas. Otro dicho sentencia que la neblina del agua es madrina y del sol, vecina. Y es que cuando el sol sale y el día comienza a calentar, el astro rey vence a la bruma que se va disipando por los altos tejados del Soterraño y deja ver el alminar que levantó Hernán Ruiz en 1530 para que sirviese de campanario al vetusto templo.




