
La gélida brisa de la mañana se adivina en esta panorámica de un amanecer de invierno, tomada desde el recinto arqueológico del Castillo de Aguilar. Es una hermosa mañana de la estación y el sol comienza a despertar sobre las inconfundibles montañas de la Subbética que puntean el horizonte de la serranía egabrense. El silencio de la noche se rompe con la última estrella fugaz que atraviesa el cielo nocturno soliviantando a la luz para que reavive al día del profundo sueño.
La espera ha merecido la pena al contemplar cómo los destellos de los primeros rayos solares pintan de rojo los nubarrones que compiten en altura con la esbelta torre campanario del Soterraño.



