
Ocaso en Poley lo llamaría el poeta si contemplase ese momento lleno de hechizo y encanto, a la hora en la que la puesta del sol crea condiciones atmosféricas únicas en el Cerro del Castillo, invadiendo los colores naranjas y rojo intenso el cielo circundante al campanario del templo parroquial del Soterraño. El sol desaparece bajo el horizonte y la refracción atmosférica hace que los rayos solares se distorsionen hasta el punto de que geométricamente el disco solar se diluye entre las nubes.
Declina la luz del día y renacen las sombras de la noche sobre los tejados del blanco caserío del pueblo. Y en la quietud del tiempo se recorta la silueta del “Peñón del Moro”, baluarte donde la historia rememorara el tiempo pasado, aquel en el que se forjaron las épicas hazañas de los apellidos más nobles y familias más ilustres de la vieja villa señorial.
Lo que hoy es ruina, antaño fue morada de legendarios y errantes caballeros que blandieron sus armas en mil batallas. Cruzadas que marcaron límites territoriales y llenaron de fábulas los viejos legajos que custodian los archivos. Aguilar de la Frontera no sería tal sin su Historia y sus Monumentos.



