
Y este sol de la infancia que resucita cada primavera cuando el verdor de las palmeras del Llano perpetúa la historia de un tiempo que permanece indeleble en mi memoria. Aquellos lances de la niñez que quedaron asidos a la evocación de un tiempo que fue y que nunca he olvidado.
Se que aquellos días nunca volverán porque nunca se fueron; porque el Llano es un escondite en mi alma donde se oculta la poesía en un prodigio de luz, un manantial de agua cristalina, una brisa que mece las ramas de los árboles en el ocaso de las tardes de abril.
Por el palmeral de las Coronadas corre la vida por mesetas infinitas donde la lealtad al niño que fui se mantiene perenne en los afectos a los que el olvido no llega.
Autor de la Fotografía: Idelfonso Almeda.



