
Como parte esencial de nuestra idiosincrasia, las tabernas han sido escenario del día a día de las generaciones que nos precedieron, y que tuvieron en estos locales el lugar de encuentro, trato y entretenimiento en torno a una copa o medio de vino de la tierra.
Hasta tal punto esto fue así durante siglos, que estos establecimientos constituían todo un referente para las personas que los conocieron y frecuentaron, llegando a constituir un hito geográfico de la calle y barrio donde se ubicaban.
Y como no, los taberneros que las regentaban se reconocían como los personajes más populares de la población. Durante varias décadas de mediados del pasado siglo XX, la taberna de “Pascualillo”, situada en la Placilla Vieja, fue lugar de encuentro de fieles parroquianos que a diario cumplían con el rito de acudir a tomar el vino a este lugar.



