
El maestro Pepe de la Rosa fue de los pocos pedagogos que predicaba con el ejemplo: lo que comprobaba por las mañanas en su clase, por la tarde te lo contaba, con energía y entusiasmo, en una formación a km de su casa.
No recibió ningún EducaAbanca ni ningún Teacher Prize. Él era feliz simplemente cuando le regalaron una cuchara de cerámica “que seguro que usarás”. Él se contentaba con que su método se implementase: que la escuela se adaptase al ritmo del que aprende y que los niños disfrutasen.
Un maestro de escuela “nueva” en el método, con el que las editoriales contaron y la Administración también; y un maestro campechano “de toda la vida” en el trato, que compartía gratuitamente cualquier ficha o triquiñuela didáctica. Un verdadero pedagogo. Descanse en Paz.
Ricardo León Valverde



