Verte en estampa tan vetusta es contemplar el tiempo detenido de un instante eterno, aquel que se renueva cada tarde de Jueves Santo cuando tu sola presencia en los aledaños de la ermita de la Veracruz colma de fe a todo un barrio.
Místico fervor de arrabales que nacieron bajo la protectora mirada de tus ojos, acendrara devoción heredada de padres a hijos, y de hijos a nietos que siguen evocando tu nombre, Remedios, por los siglos de los siglos.



