Entrevista a Marcos (I Parte)

Con esta sección en “Aguilar Digital” pretendemos acercarnos, utilizando el formato de la entrevista, a diversos temas de la realidad aguilarense. Queremos que, por estas páginas, desfilen nuestros vecinos y vecinas para que nos aporten sus puntos de vista, para que nos enriquezcan con sus opiniones y comentarios sobre política, economía, deporte, historia, costumbres, fiestas, etc. En definitiva, para abrir un foro en  el que debatir sobre todo aquello que pueda resultar de interés para nuestros lectores.

 Sin lugar a dudas, un capítulo novedoso en la sociedad aguilarense es el de la emigración. En los últimos años, hemos visto cómo han llegado al pueblo cientos de hombres y mujeres procedentes de diversos países: Marruecos, Argelia, Brasil, China, Rumanía, Inglaterra… Ello está conformando un puzzle multicultural y multiétnico del que todos y todas hemos de beneficiarnos. Por ello, hemos decidido abordar el tema, acercándonos a Marcos Vinicius Vital Ferreira, un joven brasileño de treinta años que lleva algo más de seis viviendo en Aguilar de la Frontera.

 Haciendo honor a su nombre, como un tribuno romano nuestro entrevistado se decidió a encarar la aventura y enrolarse en un viaje de incierto futuro allá por el año 2004… 

¿Cuándo decidiste venir a España y cuáles fueron las razones que te motivaron a emprender este viaje?

 Decidí venir hace seis años. Un amigo de la infancia, de la escuela, Thiago, residía en Aguilar desde hacía un año. Él se vino directamente desde Brasil aquí, al pueblo. Hablábamos frecuentemente y me sugirió la idea de venirme, ya que, según decía, no me faltaría el trabajo. Así, en poco tiempo tomé la decisión, se lo comuniqué a mi hermana, con la que vivía, un día estando de barbacoa y el día 3 de diciembre de 2004 salí de Sao Paulo en dirección a Madrid, donde llegué el 4.

 Me vine por ambición, no por necesidad. Yo decía: quiero algo para mí. Quería independizarme, crecer, tener algo. Me decía: voy a estar aquí cincuenta años y no voy a tener nada. Allí los sueldos son muy bajos. Por ejemplo, yo trabajaba por 200 € al mes. Y pensaba que de esa manera no iba a tener nunca nada.

 En nuestro país, le recibió un frío espantoso. Con poco equipaje, con un traje ligero, arribó como turista. Su amigo, Thiago, no le esperaba en el aeropuerto (estaba viendo un partido del Barça en la ciudad condal). Así pues, no le quedaba otra que tomar un taxi y dirigirse a la estación de autobuses, donde cogería el coche que le llevaría a Aguilar de la Frontera. Por cierto, que en el autobús se encontró con una aguilarense (Antonia, cree recordar) con la que entabló conversación y que le indicó que habían llegado a su destino.

 ¿En qué lugar te estableciste cuando llegaste a nuestro país?

 Como he dicho, vine directamente de Madrid a Aguilar y de aquí no me he movido desde entonces.

 ¿Cuál fue tu primera impresión sobre el pueblo?

 La verdad es que sólo pensé que parecía un pueblo muy viejo, muy antiguo, sobre todo por contraste de donde yo venía. Me chocó todo, las casas con sus balcones. Allí se construye en parcelas muy grandes y normalmente las casas son como bateas, con una sola planta.

 ¿Crees que es fácil vivir en Aguilar?

 Muy fácil. Todo es muy cercano, sobre todo la gente. A estas alturas ya conozco a casi todo el mundo y todo el mundo me conoce a mí. A eso ha ayudado mucho el que haya trabajado en varios bares del pueblo. Me siento totalmente integrado.

 ¿Tuviste muchas dificultades con el idioma o en adaptarte a las costumbres y horarios españoles?

 No, no tuve ninguna dificultad y eso que todo era diferente: el trabajo, los horarios, el idioma. Yo no me enteraba de nada. Cuando vine, no sabía hablar. Una amiga de allí, maestra, que hablaba algo de castellano, me había enseñado un poco, unas palabritas, apenas nada. Y para colmo, cuando llegué a Aguilar me encontré con una forma de hablar que no se parecía en nada a lo que oía en la televisión. Me llamaba la atención lo fácil que me resultaba entender el castellano de la tele y lo difícil que era hacerlo con el andaluz que hablaba la gente en la calle. Poco a poco, sin embargo, lo fui aprendiendo porque además es un idioma que me gusta. En la escuela había estudiado inglés, pero no lo aprendí nunca porque no me gustaba.

 ¿Habías vivido con anterioridad en otros países?

 Nunca había salido de Brasil. Mi primer viaje al extranjero fue el que hice a España.

Háblanos algo de tu infancia. ¿Dónde naciste, dónde estudiaste, cómo era tu vida en esa época, quiénes eran tus amigos?

Bueno, nací en Ituiutaba, una población que cuenta con unos 80.000 habitantes –Marcos la define como un pueblo chico y tranquilo-, situada en el estado de Minas Geraiz. Está a 800 kilómetros de Sao Paulo y a unas seis horas de la capital de mi país, Brasilia. Ahí viví casi toda mi vida, hasta los veintitrés años. Vivía con mi madre. Allí realicé los estudios primarios. Y allí empecé a trabajar, con 14 años, en un taller mecánico. Durante mucho tiempo, simultaneé las dos tareas. Trabajaba porque así me lo exigía mi madre, pero no por necesidad, sino porque ella entendía que debía aprender a trabajar.

 Luego, al año y medio, empecé a estudiar dos cursos a la vez, informática y magisterio, por la mañana y por la noche (allí hay tres turnos: 7 a 12.30, 13 a 18.30 y de 19 a 23 horas), por lo que tuve que dejar de trabajar. En el 97 terminé el bachiller y comencé de nuevo a trabajar en una tienda de muebles, a montarlos, a entregarlos… estuve más o menos cinco años, hasta que me fui a Sao Paulo.

 Eso sucedió en el 2003, cuando terminé en la Universidad mis estudios de informática. Entonces, me fui a Sao Paulo, donde vivía y trabajaba mi hermana. Allí estuve trabajando casi un año: trabajé  en telemarketing de teleoperador, de ocho a tres. El sueldo era bajo y lo primero que hice fue comprarme un móvil.

 Sao Paulo era una ciudad que me gustaba mucho. Yo ya iba allí en vacaciones desde niño (que allí son en diciembre y enero). Traté de buscarme la vida como informático, aunque era algo muy difícil y después de pasar unos meses intentándolo, desistí.

¿Qué conocías en esos años de España en general y de Andalucía en particular?

No conocía casi nada ni de España ni de Andalucía. Había oído hablar de los toros, nada más. Poco antes de venirme un amigo me prestó unos libros de español, diccionarios y eso, lo que unido a lo que me había enseñado mi amiga me ayudó algo. Yo me dediqué a mirar esos diccionarios, a leer los libros. Lo justo para apañarme un poco. Por lo demás, lo que sabía de este país era lo que salía en la televisión.

 

Continuará…

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