
Durante los últimos meses, como técnico, he recibido numerosas consultas de agricultores preocupados por la gran pérdida de tierra que se ha producido en sus cultivos, especialmente en el olivar.
El problema de la erosión en nuestros campos no es nuevo, como sabemos todos los agricultores, conscientes de que la capa superficial del suelo, la más fértil, ha tardado miles de años en formarse. Las lluvias torrenciales de este año que termina han dañado nuestra tierra en una magnitud que aún es pronto para evaluar. Durante esta primavera podremos comprobar cómo muchos olivares no van a crecer en la misma medida que lo venían haciendo, a pesar de que no haya precisamente escasez de agua en el suelo. Esto se debe a la gran pérdida de microorganismos y nutrientes que ha producido el arrastre de la tierra.
Desgraciadamente no parece que vayamos a recibir ayuda de ninguna administración para mitigar los daños actuales ni tampoco para prevenir daños futuros.
Ante este panorama, cada agricultor deberá actuar en consecuencia en su finca. Por una parte será necesario cuidar la planta proporcionándole los abonos necesarios, especialmente por vía foliar. Por otra deberá estudiar el recorrido del agua en su finca, identificar los puntos más vulnerables y actuar en consecuencia para evitar nuevos arrastres.
Durante el año iremos observando la evolución de nuestros cultivos y deberemos tomar las medidas oportunas en cada momento para intentar mantener nuestras producciones.
Si teneis cualquier duda al respecto que os pueda resolver, os ofrezco mi correo: [email protected]



