Un elemento común que define a las fotografías antiguas tomadas en las calles de Aguilar, o en las de cualquier otro pueblo o ciudad, es la masiva presencia en las mismas de niños y niñas que tenían en el callejero el escenario de juegos y travesuras. Hoy, fotografía como la que mostramos, con una numerosa prole de chiquillos posando en la mitad de la calzada de la calle del Carmen para ser retratados, sería imposible de realizar si no se cortase previamente el tráfico. Cincuenta años han podido transcurrir desde que se tomó esta fotografía. Medio siglo en el que los hábitos de juego y educación para los niños han cambiado mucho, y no siempre para mejorarlos.
Es notoria la identidad que otorgaba antiguamente las calles a los chavales que la habitaban, derivada del apego que sentían a la mismas al constituir ésta su espacio vital, mayor incluso que las casas que habitaban. El afecto por el lugar donde se vivía los años de infancia y juventud -quizás los más felices de la vida-, marcaba en gran medida a los niños de generaciones pasadas, creándoles lazos de unión con el espacio de sus primeros recuerdos que mantenían por vida. Un ejemplo de ello es la fotografía que mostramos, en la que podemos reconocer a niños que, ya de mayores, siguen vinculados a la calle del Carmen, aunque residan a muchos kilómetros, incluso del pueblo.




