Dedicamos esta nueva entrevista a un artista oriundo de Montilla, que vive en Aguilar desde hace ya más de dos décadas, y que se ha convertido en una persona popular en numerosos ámbitos de nuestra población. Conocido por muchos como Paco (el escultor), su verdadero nombre es Francisco Márquez Luque y ronda ya los ochenta años.

Se trata de una persona afable, de principios escorados a la izquierda y de una riqueza interior inmensa, lo que, unido a su dilatada experiencia vital y fácil oratoria, marcada por la calidez que le confiere el acento argentino, nos revela las dotes de gran conversador y comunicador como se constata nada más llegar a su encuentro en el pequeño taller que mantiene en una cochera de la calle María Coronel,  a la que acude cada día para ejercitar las tareas que más le gusta en la vida: el modelado en barro y la talla en piedra, junto a la enseñanza desinteresada del oficio a varios alumnos.

Con Paco nos reunimos una tarde de abril para que, de manera cordial, nos contara los avatares de su vida, y sobre todo, de su trabajo y arte. Como siempre que he tenido la oportunidad de conversar con él, me ha admirado la facilidad con que  relata mil y una historias y aventuras que resultan altamente instructivas, ya que, además de descubrirnos a una persona de una gran sensibilidad artística, con su facilidad de verbo  no transfiere valores cada vez menos frecuentes en esta sociedad, como son la  honestidad, la coherencia personal, la humanidad y solidaridad con los demás, etc.

Entrevista:

Háblanos de tú familia.

Nací en Montilla en el año 1933. Fui el tercer hijo de una familia humilde, pero con algunos recursos, ya que mi padre era mecánico de coches y tenía una viña. Fuimos siete hermanos. Tengo muchos recuerdos de mi infancia, no todos buenos, pero sobre todo recuerdo la admiración que sentía por mi abuelo materno, un hombre excepcional con una capacidad creativa admirable. En montilla estuve hasta los 18 años.

¿Donde estudiaste?

Comencé en los Salesianos pero no me gustaba mucho. Era un niño con una gran consideración por los demás. Era un niño bueno que no hacía travesuras, ni me peleaba, y que pensaba cómo ayudar a los más necesitados. Incluso llegué a pensar en hacerme sacerdote. Obviamente, conforme me fue haciendo mayor y fui consciente de la realidad abandoné dicha idea. Cuando me quite de los Salesianos me dio escuela un maestro que iba por las casas porque comencé a trabajar muy joven, con sólo 9 años, edad con la que entré a trabajar de aprendiz en la relojería de mi tío Julián Luque, hermano de mi madre. De esta forma aprendí lo más básico de este oficio que me fue útil para otros trabajos.

¿Como nació en ti el interés por la escultura?

Bueno, como he dicho, desde muy niño sentía una gran admiración por mi abuelo que inventaba muchas cosas, y en cierto modo heredé de él la inquietud de crear. A mí me gustaba mucho tallar en las pastillas de jabón figuritas, caras, etc. Tenía mucha facilidad para hacerlo. También lo hacía con el barro y le gastaba a la gente.

¿Cómo y porqué emigró tu familia hasta Argentina?

La situación en España a principios de la década de 1950 era muy difícil. Además nosotros éramos muchos hermanos varones y teníamos  que ir todos a la mili, uno detrás de otro, lo que, unido a que mi padre tenía un familiar en Argentina que le contaba que allí había mucho trabajo, se metió en la aventura de trasladarnos todos hasta este país, para lo cual, y como no teníamos dinero, tuvimos que vender la casa donde vivíamos en Montilla y la viña.

¿Cómo fue vuestro viaje y llegada al nuevo Continente?

Llegamos a Buenos Aires el 13 de noviembre de 1951 y nos instalamos en el hotel Caribe. Nada más llegar nos dimos cuenta que el familiar en el que habíamos confiado no sólo no nos ayudó sino que nos robó el  poco dinero que teníamos al cambio de la moneda. Por suerte en ese tiempo había en Argentina una gran demanda de trabajo, pronto nos pusimos a trabajar todos y construimos una casa en unos terrenos que compró mi padre a una mujer de Montilla que había emigrado también. Fueron años de muchas penalidades, teníamos que trabajar y construirnos la casa guiados por un albañil amigo de mi padre.

¿Donde empezaste a trabajar?

Empecé en una joyería de un rumano, en Buenos Aires. Después me pasé a una fábrica de vidrio y comencé a estudiar por las noches en una escuela de adultos. Al conocer mis habilidades en el dibujo y la talla la mujer del director de esta escuela me incitó para que ingresase en la Escuela de Bellas Artes. Así lo hice, pero me encontré con el problema que para inscribirme en dicha escuela tenía que hacerme argentino y renunciar a la nacionalidad española, cosa que no hice, por lo que tuve que matricularme en una academia, concretamente en la Academia de Bellas Artes Melbar, donde aprendía todo lo que se.

¿Quienes fueron tus maestros de escultura?

Estuve estudiando y trabajando durante siete años y conté con varios profesores muy buenos. Algunos de ellos fueron grandes escultores como  Sasones y Tirones, a este último le decían el gallego, ya que ambos eran hijos de emigrantes.

¿Cómo fueron tus primeros trabajos como escultor?

Hice cinco creaciones y las presenté en una cerámica. No me hicieron ni caso, pero seguí insistiendo y, me inventé la estratagema de decir que me mandaba un gran escultor, a partir de lo cual la aceptaron. La primera escultura que realicé  fue una Santa Teresa que regalé a una poeta muy reconocida. A raíz de entregar las cinco creaciones en la cerámica llegaron los primeros encargos .Comencé a trabajar para un militar que me pagó el trabajo con un horno, con el que comencé  mi trayectoria profesional hasta montar un taller de varios hornos en el que llegaron a trabajar hasta 10 operarios. Por este tiempo realice también mis primeras esculturas a gran tamaño.

¿Cómo fue tu vida en Buenos Aires?

Bueno, tuve varias etapas, los primeros años muy malos por las circunstancias que he referido. Después, cuando terminé los estudios y comencé a trabajar en el taller propio, mejoraron mucho, pero la crisis que padeció el país a raíz de los golpes militares y el monopolio que crearon éstos nos situó en unas circunstancias muy precarias. Provocaron una crisis como lo ocurrido ahora en España, y el país lo sumieron en la miseria.

¿Cuando y porqué volviste a España?

España siempre estuvo presente en mí y en mi familia, así como en la de todos los emigrantes. Pensé muchas veces en venir, pero tenía mis padres y hermanos en Argentina y era muy difícil. Además mi madre no tenía jubilación y dependía económicamente de mí. Volví para ver la familia 40 años después de haberme ido, y fue a raíz de haber sufrido dos infartos. Tenía la necesidad de volver a España antes de que me pudiera pasar algo que me lo impidiese definitivamente. Cuando vine tenía 57 años. Creo que fue en el año 1987, y me llevé una gran sorpresa, ya que España había progresado y cambiado mucho. Me recibieron muy bien los familiares que tenía en Montilla y me animaron a trasladarme a España. Pero tuve que volver a Argentina ya que aún vivía mi madre.

¿Cuando decides regresar definitivamente?

A raíz de la muerte de mi madre, en 1987, hablé con mis hermanos y le dije que me venía para España. Me dijeron que estaba loco, pero yo ya lo tenía decidido, les dejé  los pocos bienes que teníamos de mis padres y me vine. En Montilla me recibieron muy bien mis familiares y pronto encontré trabajo como monitor de cantería y escultura en la Escuela Taller.

¿Cómo llegaste a Aguilar?.

A través de familiares comunes conocí a Manolo Bérchez, con el que hice una gran  amistad. El me presentó a mi mujer, sin duda, lo mejor que me ha ocurrido en la vida. Desde entonces resido en Aguilar y me siento un aguilarense más.

¿Que trabajos has realizado en Aguilar?

He realizado muchos trabajos para particulares además de varias esculturas como la mujer vendimiadora de la calle María Coronel, el busto de Blas Infante, un alto relieve del beato Nicolás Alberca en la calle Pintada,  un busto de Miguel Hernández que estoy concluyendo, etc.

¿ Y para fuera de Aguilar?

En Buenos Aires y Argentina dejé muchas esculturas. También en España tengo repartidas por varias ciudades, recuerdo por ejemplo las que tengo en Barcelona. También por la provincia de Córdoba tengo repartidas, que recuerde ahora tengo en Puente Genil, Lucena, Priego de Córdoba, etc.

¿Cómo definirías a los Aguilarenses, y qué defectos y virtudes nos ves?

Por supuesto he encontrado muy buena gente en este pueblo y eso merece resaltarse, lo que no me gusta es que se está muy pendiente, en negativo, de lo que hacen los demás.

¿Que te gusta más de Aguilar y que cambiarías?

Como he dicho yo me siento un aguilarense más. Cuando estaba en Buenos Aires echaba en falta todos los días a Montilla, no me ocurre lo mismo en Aguilar, es como si ser montillano y aguilarense fuese lo mismo. De Aguilar me gusta todo, aunque quizás si tuviera que corregir algo sería lo que he comentado antes, que tengamos una mentalidad más abierta y de ciudad, que no se esté tan pendiente de lo que hace el vecino para criticarlo.

¡Cómo definirías tu obra?

Yo soy admirador de los grandes escultores que ha dado la historia. Me hubiese encantado conocer Grecia e Italia para admirar la obra de los Clásicos. Ante ellos yo soy un pobre artífice.

¿Que te gustaría contar que no te hayamos preguntado?

Bueno, que mi última obra, el busto de Miguel Hernández, lo he realizado como homenaje y  por la admiración que he sentido siempre por  este poeta, sobre todo por los valores que tuvo y defendió en su vida. Creo que nos dejó un ejemplo insuperable de integridad y humanidad llevada a lo máxima expresión, como fue entregar su vida por defender estos principios. Yo lo admiro mucho y me gustaría que mi escultura sirviese para que las nuevas generaciones tengan presente su ejemplo.

 

Antonio Maestre Ballesteros