Entre las historias que recoge este anecdotario republicano nos adentramos en su tercer capítulo en una de las más arduas de relatar por el dramático final que tuvo uno de los protagonistas. En ella recreamos el “modus vivendi” de dos jóvenes hermanos que, nacidos y educados bajo los oropeles de la burguesía local, abrazaron los postulados ideológicos del republicanismo, heredados por línea materna de su abuelo Baldomero Luque Gálvez, “el gitanito rico”, uno de los pilares, junto a Jerónimo Palma del republicanismo histórico en Aguilar. y de su padre, Francisco de Paula Sampedro Martínez, militante del Partido de la Derecha Liberal Republicana.
La unidad en el sentimiento republicano de ambos hermanos pronto se vería alterada por la divergencia mantenida en cuanto a la militancia que profesaron, ya que el mayor, Francisco de Paula Sampedro Luque, se vinculó al Partido Republicano Radical, mientras Rafael optó por postulados más progresistas.
La infancia de ambos transcurrió entre pueriles juegos bajo las acacias del Llanito de las Descalzas, porrás en los cantos rodados del viejo empedrado de la calle Moralejo Primero, y las lectivas horas en la Miga del viejo hospital de la calle Santa Brígida, donde aprendieron las cuatro reglas y le inculcaron las convicciones religiosas propias de un colegio de monjas, adoctrinamiento que recabó sobre todo en Francisco, ya que a Rafael, ni la excelencia económica familiar de la que disfrutó, ni la acérrima educación religiosa que intentó moldear su moral, consiguieron cimbrar la avidez ideológica de su espíritu, consagrado desde que tuvo conciencia de la realidad social que le rodeaba con posicionamientos izquierdistas.
Desde muy temprana edad avivaron en él inquietudes que distaban mucho de las que manifestaban tener los mozos con los que se relacionaba, todos ellos subyugados a la mentalidad conservadora de las familias en las que nacieron. Las discrepancias derivaron en un desapego del círculo familiar y amistades, con los que solía disentir en los posicionamientos políticos. Esos condicionantes, y su indomable naturaleza, determinaron la impronta personal de un joven cuya madurez le valió para salvaguardar sus ideales frente a los embates que tuvo que soportar del entorno vital en el que se movía.
Su filiación política, en contraste con el estrato social al que pertenecía, le fue reconocida y valorada por quienes compartían afinidades ideológicas, en el mismo grado que denostada por quienes lo consideraban un renegado a su cuna, “traición” que no le perdonaron y que, según cuentan, incidió en su triste final.
Mientras tanto, Francisco de Paula, posicionado en las convicciones políticas-religiosas del los conservadores republicanos, proyectó su vida conforme a la educación y moralidad recibida. Su fervoroso republicanismo fue equiparable al de la devoción que profesó a Jesús Nazareno, dualidad que le llevó a protagonizar la anécdota que recogemos en este artículo:
Conserva el acervo popular la leyenda de que estando el susodicho contemplando la salida de la Imagen de Jesús en la madruga del Viernes Santo de 1931, tras ser arengado su fervor por una sentida saeta y varios vivas al Nazareno, no pudo reprimir el impulso de vocear un atronador ¡Viva Jesús Nazareno! y ¡Viva la República! que ensordeció a la muchedumbre que colmataba la empinada Cuesta de la Parroquia.
Su desmedida euforia devocional y republicana fue tema de tertulia en todos los corrillos que se formaron aquella mañana de Viernes Santo. Temeroso tras sopesar el arrojo que tuvo, se mantuvo expectante ante la incertidumbre de que pudiese ser molestado por las autoridades. Este recelo se fue disipando a medida que pasaban las horas, desapareciendo completamente a eso del medio día, cuando le anunciaron que, puesto en conocimiento el incidente ante la alcaldía, ésta lo había considerado como algo anecdótico.
Además de anecdótico, el emocionado y republicano viva de Francisco de Pàula Sanpedro resultó ser premonitor, ya que tan solo unos días después, el 14 de abril de 1931, sería proclamada la II República Española, hecho que llenó de gozo a los dos hermanos, a pesar de que su republicanismo transitaba por caminos diferentes.
Abolida la República por el golpe militar del 18 de julio, la desdicha recayó sobre los hermanos Sampedro, aunque en desigual medida. A Francisco de Paula, su republicanismo, aunque de derechas y devoto, le costó el tenerse que avecindar en Priego de Córdoba, pueblo donde formó su familia y vivió el resto de la vida. En el caso del izquierdista Rafael, el infortunio le llevó a la muerte, ya que, según alguna versión de lo sucedido, fue acusado por un familiar de rojo, lo que conllevó su apresamiento y posterior fusilamiento, no conociéndose el lugar donde fue desaparecido su cuerpo. Cuando esto sucedió contaba con algo más de veinte años.
Antonio Maestre Ballesteros




