” España es el cuarto país de la Unión Europea con mayor número de niños excluidos y en la más absoluta pobreza, solo nos superan Rumanía, Letonia y Bulgaria.”
La crisis en España, ya ha alcanzado también a los niños. Para nuestra vergüenza, más de dos millones, viven en nuestro país por debajo del umbral de la pobreza. La cifra más alta de la Europa de los mercaderes, la de los quince.
Los comedores sociales y la solidaridad particular, hacen que cientos de miles de familias se vean abocados a la humillación de la beneficencia y la caridad, poniendo en tela de juicio y rompiendo por completo su dignidad como personas, como en tiempos que ya no recordábamos, cuando la alimentación y la vivienda son derechos fundamentales a las personas, intrínsecos e irrenunciables.
¿Dónde están los derechos fundamentales de los niños aprobados por casi todas las naciones del mundo en 1989 y entre ellas este bochornoso país ?. ¿Para qué sirven ese tipo de leyes?.
¿Dónde están, a donde se han ido en estos últimos años los derechos adquiridos durante tantos años a base de esfuerzo, sudor, lágrimas y muchas muertes … ? . El derecho al trabajo, a la salud, a la familia, al descanso o a la educación gratuita.
Tratadas las personas solo como datos numéricos, las consecuencias y la situación a la que se están viendo abocados solo se contemplan como daños colaterales, bajas necesarias o un mal menor, como en toda guerra ( y esta la económica sin duda alguna también lo es).
Los derechos desaparecen mientras, pronto, muy pronto habremos de generalizar como en tristes épocas pasadas la beneficencia en España. Viviremos de la filantropía y la caridad, que habrán anulado por completo nuestra dignidad y nuestros derechos. Eso es lo que pretenden.
Comedores sociales, dirigidos por organizaciones no gubernamentales, sostenidos por donaciones particulares, a cuyas puertas hayan consuelo y sustento los miserables, los pobres y los niños.
Los grandes ricos ya no fundaran hospitales “benéficos”, los comprarán y jugarán con nuestra salud. Ya no los dotarán a su muerte para que esta santa obra pueda contribuir a la remisión de sus pecados. Es lo único que no tienen.
Hasta la caridad oficial ha dejado simplemente de existir, ha cambiado su nombre por el de beneficencia y habremos de esperar que un espíritu religioso auxilie generosamente a los enfermos, pobres, marginados y necesitados de este país.
Nuestra dignidad como personas, nuestros derechos como ciudadanos, estarán siendo atacados y abolidos de un plumazo, con la legitimidad que da la mayoría absoluta. Quedarán supeditados a la buenaventura. Serán solo cosa del pasado.
Donde la caridad oficial repartía dádivas a doquier, la beneficencia privada hará el bien a su criterio e interés.
Solo nos quedará la compasión oficial de la beneficencia, la de la filantropía y el benefactor de turno y la caridad … la compasión cristiana.
El derecho, dejará vergonzosamente de existir y solo existirán deberes… y la dignidad … será solo un error del pasado. Solo seremos daños colaterales, bajas necesarias … un mal menor.




