Contemplar este desvencijado y viejo farol en la que llaman “calleja” o “callejón”, que une la calle Cerrillo con la calle Molinos, es sintomático del estado de abandono y olvido que sufre este espacio urbano, situado en el centro histórico de Aguilar. Olvido del Ayuntamiento que mantiene en dicha situación los dos únicos faroles que alumbran su trazado, y abandono de algunos vecinos que la utilizan como cagadero de perros y otras mascotas.
Cabe esperar de estos últimos que tomen conciencia de que, aunque la calle no tiene aceras de coloridos terrazos, ni su calzada la cubre el noble adoquín, sino el simple cemento lechado, no deja de ser una calle por la que transitan muchas personas que no tienen porque ir salteando defecaciones de animales de dos y cuatro patas, para evitar resbalar y caer con ellas, como ya ha sucedido en varias ocasiones. Y al Ayuntamiento se le reclama que, a no mucho tardar, porque el gasto no sería muy grande, dignifique la calle colocándole un nombre propio y dos nuevos faroles acordes con el enclave urbano del que se trata.



