Poemas para la Memoria (VIII) Rojo y cabrón

Autora: Silvia Delgado Fuentes

Cuando me dijeron que a mi padre lo habían matado por rojo y cabròn, tenía 16 años.

Desde entonces dosifiquè el odio, supe que me haría falta toda la vida.
Muchos, casi todos, dicen que odiar es malo. Es peor perdonar u olvidar, al menos el odio mantiene palpitantes los recuerdos.
Yo he mantenido mi dignidad en pie gracias a èl.
Y gracias a él estuve siempre vigilante, combatiendo a todo aquel que nos condena a esta podredumbre de no poder pasar página.
Hoy fui con mis hijos a evitar el desahucio de un amigo.
Y por primera vez les hablé de mi padre, les dije que fue asesinado por defender también una casa, enorme, la de sus ideales y que nosotros al defender la casa de otros, honramos su memoria y la de todos los fusilados.
Mis hijos son como otros hijos, jóvenes a los que se les cierra el paso.
Jóvenes que viven la impotencia y la impunidad como si fueran la misma cosa.
Hoy quise explicarles que quien asalte cualquiera de las casas, las que son hogar y las que son ideas, se merece nuestro odio, un odio armado con coraje y rabia.
Disparado a bocajarro contra los que nos degradan.

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