Cuando aún no se ha celebrado el primer pleno municipal de la nueva Corporación, la casa grande de la Plaza de San José desprende un permanente tufillo a despotismo, proveniente de la sala capitular, generado por el trato y relación dispensada por el alcalde a los demás grupos municipales desde el pasado 24 de mayo.
Contar con 9 concejales en el Salón de Plenos ha permitido a Francisco Juan llevar un mes pasándose por “el forro” a los grupos de la Oposición. Ya tiene ganado el mérito de haber sido el primer alcalde de la democracia que, despreciando la representatividad de los demás grupos y la voluntad de los ciudadanos que los han votado, ha celebrado el Pleno de Investidura sin ni siquiera mantener una reunión de cortesía con ellos.
Obviamente con 9 concejales tenía asegurada su reelección. Pero las buenas prácticas y el civismo político exigían ese encuentro. Máxime cuando el propio alcalde había anunciado a los portavoces que los convocaría, junto a una representación de sus partidos, antes de celebrar el citado Pleno. Una mentira más de Francisco Juan. No es la primera ni la última. Tampoco el primer menosprecio.
Ayer, el alcalde anunciaba a los medios de comunicación el reparto de responsabilidades en las concejalías y delegaciones municipales. Se consumaba así otro significativo desprecio al resto de los miembros de la Corporación Municipal. El alcalde ha optado porque éstos se enteren del organigrama de funcionamiento político del Ayuntamiento por la prensa, en vez de hacerlo en la Comisión Informativa de Portavoces o el Pleno de Organización que sería lo lógico y razonable.
Los hechos evidencian una nueva etapa en las relaciones políticas en el Ayuntamiento. El tiempo de inicio de una legislatura que para el PSOE se promete muy placentera porque con su mayoría absoluta podrá hacer lo que quiera, como ha demostrado en el mes trascurrido. Pero por aquello de que, de lo que se siembra se recoge, pueden darse los socialistas de bruces en los plenos con el agravio ingerido en estos días a la Oposición. Una Oposición que es minoría en el número de concejales, pero mayoritaria en el de portavoces que están legitimados por ley para fiscalizar y pregonar lo que hagan y dejen de hacer el alcalde y concejales del PSOE.
Como dice el aforismo: la mayoría absoluta no cambia a un alcalde, sólo evidencia su condición. Desde el pasado mes de mayo soplan nuevos vientos en el Ayuntamiento de Aguilar que, ya auguro, traerán tempestades.



