. Mira la foto como si no hubiera otra cosa en el mundo, como si no existieran las continuas interferencias que invitan a perder la atención. Mira la foto hasta que sangren los ojos y llore el estómago. Mira la foto como si fuera una calcomanía que se graba en la piel y no se marcha ni con agua ni con jabón. Como cuando jugábamos a mirar fijamente a la luz y, al cerrar los ojos, veíamos manchas de colores que flotaban por el cráneo. Como cuando lloraste la muerte del abuelo. Como cuando viste nacer a tu primer hijo. Mira la foto: mira la puñetera foto.
Parece que los titulares se olvidan con rapidez y que los verbos -morir, ahogar, hacinar, asfixiar, agonizar- no calan en la memoria. Pero esto no. Esta foto no es pasajera. Es una carga dolorosa, eterna y terrible. Una imagen que pesa en la espalda como el niño que quiere jugar a los caballitos.
José E. Cabrero. El Ideal.



