
Podemos decir que un sentimiento se puede definir como una emoción que determina un estado de ánimo concreto. Pero si hablamos de re sentimiento, esa emoción de la que hablamos es siempre en negativo y se puede repetir cual alimento indigesto, provocando un estado de ánimo que se repite y se repite y se repite… en un eco constante.
Eco en el que está imbuida nuestra sociedad que ha normalizado una serie de actitudes y conductas dañosas pero que a quien más veneno inoculan es a quienes son dueños y dueñas de dichos sentimientos y re sentimientos. Porque de algo estoy convencida y es que el resentimiento, así como el odio, la envidia y el resquemor solo tienen una dirección y es hacia dentro, en un camino en el que, como la carcoma, va haciendo agujeros en el alma hasta dejarla hueca y vacía.
Ni qué decir tiene que en la mochila que todos y todas llevamos más o menos cargada, cabe la posibilidad de que ciertos sentimientos y resentimientos nos acompañen y adopten un protagonismo en nuestras vidas que en muchas ocasiones es realmente innecesario, doloroso e irracional.
Quienes guían su vida a través del modelo judeo cristiano lo tienen muy claro, o eso quiero pensar…. Pero si no queremos mezclar lo humano con lo divino, tan solo nos queda centrarnos en términos como la empatía, la generosidad y un concepto que últimamente está presente hasta en los proyectos de desarrollo de la Europa y de la España de 2027: me refiero a la Resili encia (aprovecho para invitarles a leer el artículo de Diego Igeño publicado en este mismo medio “Resiliencia y empatía”).
En Psicología y en las Ciencias Sociales en general se define la Resiliencia como esa capacidad para afrontar la vida de manera que la adversidad no derive irremediablemente en personas dañadas para siempre. La maquinaria que se pone en marcha en las personas resilientes funciona mucho mejor si cuenta con el engrase de la habilidad para resolver problemas, de la empatía, del buen manejo de las relaciones interpersonales y del sentido del humor positivo.
En estas disertaciones me acuerdo del grupo gallego Os Resentidos, que con su humor absurdo y crítico se hicieron un hueco en el panorama ochentero y mientras escribo estas líneas viene a mí el surrealismo de Galicia caníbal. Ojalá los resentidos fueran solo un grupo de rock vigués (nada más y nada menos) que lo dieron todo durante la movida gallega.
Fai un sol de carallo ….
Teresa Postigo



