
El dominó se había convertido hace medio siglo en un pasatiempo popular practicado de forma asidua por numerosas personas en los bares, tabernas y casinos, y también entre grupos de amigos en los días de fiesta o convivencia.
A lo largo de su dilatada historia, el dominó ha trascendido las fronteras culturales, ofreciendo una forma de entretenimiento simple pero atractiva que perdura a través de las generaciones de aficionados que son unos virtuosos de este juego.
En los años setenta, un grupo de parroquianos compartían una arroba de vino y algunas viandas en el patio de la iglesia del Cristo de la Salud, en una jornada de descanso y camaradería. Cuando se capturó esta instantánea jugaban una partida de dómino por parejas, conformando una de ellas los dos párrocos del pueblo en aquellos años: Francisco Solano (Cristo del a Salud) y Pedro Gómez Carrillo (parroquia del Soterraño).
Entre los observadores aparecen Antonio Urbano (sacristán) Javier Maestre (matarife) y José García.



