Rafa Pino.

Queridos Reyes Magos, para este año 2026 me gustaría no tirar de tópicos típicos que siempre están ahí, pero casi nunca se cumplen.

Os pediría tantas cosas buenas para la gente a la que quiero y aprecio, que vuestros zurrones vendrían cargados de salud, amor, ilusión y buenos deseos.

Cosas inmateriales que solo apreciamos cuando, o nos faltan, o no están al alcance de nuestras manos, y quizás por eso son las más tópicas y demandadas, por qué en el fondo de todo, lo material no es lo más importante pero suple de alguna forma nuestras vidas incompletas.

Querido Rey Melchor; los juguetes se los dejo a los niños del mundo. Niños como los de Gaza, Ucrania, África, y todos esos lugares del mundo donde por culpa de la barbarie humana que no entiende de la inocencia pura de un niño, y que no distingue entre el bien y el mal, han truncado de un plumazo esa ilusión y esa inocencia que un niño nunca debería perder. Niños y niñas de mi pais, de mi tierra y otras tierras, que por distintas situaciones no van a poder disfrutar de un mísero juguete. Acuérdate de todos ellos, de su inocencia más pura, para que nada ni nadie trunque sus sueños.

Querido Rey Gaspar; a ti te pediría que con tu inmenso poder, acabaras con la intolerancia y la maldad del ser humano. Que desaparecieran la envidia y la hipocresía. Que la salud se contagiase al igual que un resfriado. Esa misma salud que se nos pierde cuando más se necesita. Que el color esperanza que desprende la sonrisa de un niño, se pudiera pintar en las casas y rincones de todo el mundo. Que esa maldita enfermedad llamada Cáncer, que nadie nombra, pero que de una manera u otra todos sufrimos, quedara erradicada en el mundo para los siglos de los siglos. Que aquellos diez mandamientos que pregonaba el señor en detrimento de los más desfavorecidos, fuera de obligado cumplimiento de una vez por todas.

Querido Rey Baltasar; a tí, por tu color de piel te pediría, que con tu inmenso poder extinguieras el racismo y la xenofobia de la faz de la tierra. Que el odio al diferente tuviera por condena el exilio permanente en la tierra de las bondades. Que toda esa gente que se autodenomina cristiana, pero solo de cara a la galería, cambiará los golpes de pecho por auténticos golpes de humanidad. Que aquellos políticos malvados que crean las guerras más inhumanas y salvajes desde un puñetero despacho, tuvieran que luchar en primera línea, ducharse a diario con las lágrimas de todos aquellos inocentes asesinados: niños, adultos o personas mayores. Que la tolerancia y los sentimientos se convirtieran en un bien endémico.

Queridos Reyes magos, creo que he sido bueno y me he portado bien; como para que me podáis traer todo lo que os he pedido. Y si por el contrario no pudiera ser posible, me conformo con que ningún niño o niña del mundo se quede sin su juguete en esa noche tan mágica.

Creo que no os pido nada que vosotros no podáis traer, en parte por qué sois magos, y en parte, por qué a mis cincuenta y seis años sigo creyendo en los sueños.

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