Diego Igeño

Anda Pepe, qué tarea tienes. Te voy a decir una vez más que eres un “enterao”. ¿A quién quieres engañar con este falso adiós? Déjate de coñas porque esta vez no te vas a quedar con nosotros. Sigues aquí y aquí permanecerás por siempre.

Sigues en tu hijo Migue, al que le inculcaste el amor por una profesión, la de maestro, que tú mismo heredaste de tu madre. Él ha tenido el mejor ejemplo que un hijo puede tener para crecer en su profesión, la de su propio padre.

Sigues en tu hijo Pablo poseedor de una creatividad sin límites, de un ingenio y una iniciativa que tú siempre anticipaste.

Sigues en Carmenchu, tu Carmenchu, tu compañera de vida, la que te lo dio todo con el desprendimiento de un amor sin límites, a la que le entregaste todo porque era el faro y guía de tu vida.

Sigues en tu Graná, la que disfrutaste en tu adolescencia con aquel grupo de amigos que se soldaron a ti para no dejarte perder porque sabían que tenías un corazón de oro y una energía sin freno.

Sigues en cada uno de nosotros porque de ti lo aprendimos todo, de ti lo recibimos todo. Te convertiste en nuestro sostén y ejemplo, dando sin esperar nunca nada a cambio, dando porque ese era el verbo que mejor sabías conjugar, en todos los tiempos: pasado, presente y futuro.

Sí, Pepe, he dicho futuro. Pero, ¿te crees que nos vamos a tragar esta broma?, ¿piensas que no sabemos que ahí estarás mirándonos permanentemente con esa socarronería tan tuya? En todas las barbacoas que organicemos, en todas las cervezas que nos tomemos, en todos los rincones de Aguilar, en los viajes y conciertos que compartamos y, sobre todo, en cada uno de los momentos difíciles que vivamos porque tu brazo, generoso, fuerte, siempre estará ahí para mantenernos a flote en los duros días de invierno.

Sabes, te tengo envidia, sí, de verdad. Ahora vas a seguir disfrutando en otra dimensión y con la mejor compañía: tu inseparable Paco, dispuesto a trasegar cuanto le prepares, y la quejica de la Ceci, que siempre tendrá un pero que ponerle a todo pero que siempre estará dispuesta a darlo todo por los demás. Te tienen reservado un sitio junto a ellos. Guardadnos otro a nosotros porque los “padres parchosos” no estamos dispuestos a dejaros solos.

En fin, no te quiero aburrir más con mi palabrería. Sé que entre hombres no es moneda corriente decirse te quiero, pero como pretendes que lo evite si eso es lo que siento por ti, un amor eterno que no se detendrá por nada ni por nadie. Te echaré, te echaremos, tanto de menos.

Sé que tampoco es habitual pedir perdón y yo tengo que hacerlo por haberte fallado. No siempre tomamos las decisiones adecuadas Pepe y yo claramente me equivoqué. Sé que me perdonaste, me lo mostraste cuando más falta me hacía, cuando el dolor se me había clavado en lo más profundo del corazón, pero necesito decírtelo para que no te quepa duda de cuánto significas en mi vida y de cuánto me arrepiento de mi defección.

Gracias Pepe por habernos regalado tantos instantes maravillosos.

Compartir:

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp

Entradas relacionadas

Orgullo

Diego Igeño LuqueEl pasado jueves volvir a asistir a la proyección pública del documental “Voces que TRANSforman”. En esta ocasión fue en Puente Genil, concretamente en el número 11 de

Transitando el Duelo

Carmen Zurera Maestre Será normal vivir en esta nebulosa mental en la que llevo instalada semanas. Es lo que tiene que se te muera tu compañero de vida que, habiendo

Machote

Diego Igeño Eso es lo que hay que ser, muy machote para darle un empujón y hacer caer de narices a una “peligrosísima” señora jubilada de 68 años que al

Devastación

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche….”(Pablo Neruda) Nadie me lo pide. A nadie le interesa esto que voy a escribir, pero lo necesito. Yo misma me digo que