Cualquier acción política puede verse desde varios prismas o valorarse de diferente forma según quien realice la apreciación. El reciente acuerdo del Ayuntamiento sobre el Parque Agroalimentario puede percibirse desde distintas ópticas en función de quien lo considere.
Todos los grupos políticos municipales han coincidido en estimarlo como un importante paso adelante, que ha salvado la situación en la que se encontraba el proyecto desde hace más de un año, ante la falta de recursos para poder concluir la primera fase de urbanización, objetivo vital para alcanzar dos metas: por un lado poder construir el edificio de servicios del Parque con los fondos Feder, y por otro poder disponer de algunas parcelas que vender y recuperar fondos invertidos para seguir con otras fases de urbanización.
Finalmente los 900.000 euros que faltaban para concluir la primera fase de urbanización se han salvado con un préstamo de 500.000 euros de la Agencia IDEA, y una ampliación de capital por parte de dos de los cuatro socios del Parque: 200.000 euros pondrá el Ayuntamiento y otros 200.000 la Junta de Andalucía a través de AGAPA. Una vez más, Diputación se va de rositas del proyecto y mantiene como único capital aportado los irrisorios 30.000 euros que puso cuando se constituyó la empresa del Parque.
Los ciudadanos de Aguilar, a través de sus representantes, vuelven a apostar y a aportar económicamente una suma considerable en un proyecto que se vendió como el futuro de Aguilar y la comarca, como el tren del progreso que paraba en la estación de nuestro pueblo para que nos subiésemos en él. Un Parque Agrialimentario que crearía miles de puestos de trabajo y en el que se asentarían empresas innovadoras venidas de todo el orbe cristiano.
Diez años después, y cuando se han pasado ya los efectos oleosos del delirio compartido con aquellas pomposas declaraciones, cada vez más el Parque Agroalimetario se parece a un espejismo que se va desmoronando ante nuestros ojos poquito a poco, y al que pretendemos aferrarnos con la esperanza de que salve a Aguilar de la debacle social y económica que sufre.
Esta situación es especialmente peligrosa, porque la ofuscación lleva generalmente a ver lo que no es, o a tomar la dirección contraria a la correcta. No siempre es lo más acertado pegar patadas al balón para seguir jugando, aunque esa decisión sea compartida por todos los grupos políticos. A los responsables le corresponde también discernir sobre la realidad de las cosas, ya que la decisión de seguir aportando grandes cantidades de dinero y asumiendo grandes préstamos, que después habrá que pagar, puede antojarse una apuesta por el futuro, pero ser en realidad una huida hacia adelante.
La gestión va a determinar finalmente el éxito o fracaso de esta empresa. Obviamente no podemos vaticinar lo que está por venir a partir de ahora, aunque como no se trata de un acto de fe ciega, si debemos señalar que el futuro del proyecto, cuando menos, es incierto. La disposición de los Grupos Políticos se puso de relieve con los votos en el Pleno y con el cómplice silencio sobre la desafortunada gestión que ha llevado a que nos encontremos en esta situación. El deseo de todos es manifiesto, pero por desgracia, no todos los deseos se cumplen .
El tiempo, juez inapelable, determinará si fue acertada o no en la decisión tomada.
Antonio Maestre Ballesteros



