Los andamios que rodean su contorno advierten de la imperiosa restauración que necesitaba para no sucumbir al paso del tiempo y el peso de la historia. Siglos de memoria custodian las vetustas piedras que cimientan el viejo torreón del castillo sobre el que Hernán Ruiz trazó, a mediados del siglo XVI, el nuevo campanario de Santa María de la Mota. Atalaya del Soterraño que se encumbra sobre los tejados el templo parroquial rivalizando en altura con la neoclásica torre del Hospital y la barroca que corona el cerro de la Silera.
Tres torres que se elevan al firmamento coronando el perfil de la vieja Ipagro cuando, desde la lejanía, contemplamos el enarbolado y blanco caserío que traza la estampa más bella y típica de nuestro pueblo. Triunvirato de torres que oculta la oscuridad de la noche por la desidia de un ayuntamiento que no cuida como debe sus iluminaciones artísticas (Torre del Reloj e Iglesia del Hospital), y en el caso que nos ocupa, la del Soterraño, ni siquiera cuenta con esa luminaria por el desinterés de los gobernantes socialistas que malograron la subvención que se recibió para ese fin.
Hoy, con la satisfacción de ver remozado tan importante elemento del patrimonio monumental del pueblo, debemos denunciar que la torre campanario del Soterraño no cuenta con la iluminación artística, y reclamar y exigir al ayuntamiento que repare ese agravio.




