¿ Que hacer cuando la mochila pesa demasiado?

En estos días estamos asistiendo a un gran revuelo en redes y en informativos,  relacionado con la muerte de la grandísima Verónica Forqué, pero me llama poderosamente la atención que fuera del aspecto mediático, en las conversaciones más cercanas e íntimas que podemos entablar con los demás, pasamos de puntillas sobre el término “suicidio”.

Quien más y quien menos se ha podido plantear qué le puede pasar por la cabeza a una persona que en un momento determinado de su vida decide terminar con ella. En ese análisis íntimo que hacemos de ello, si no nos coge tan de cerca, nos encontramos con un muro altísimo y anchísimo tan difícil de atravesar que es cuando empiezan a surgir las frases hechas y enlatadas tan vacías de contenido.

Es evidente la necesidad que existe de reforzar nuestro Sistema Nacional de Salud, en todas las especialidades, pero más si cabe la Salud Mental por lo denostada y maltratada que ha estado en los últimos años.

No seré yo precisamente quien ponga alguna objeción a ese análisis y a esa detección de una necesidad que es real. El refuerzo de los servicios de salud mental en la salud pública es imprescindible, pero también lo es la reflexión sobre las causas que provocan la enfermedad mental. Cierto es que puede haber tantas causas como personas enfermas pero en todas seguramente hay aspectos comunes sobre los que esta sociedad debería actuar. Todos y todas deberíamos ser conscientes de ello.

En la era de los “Trankimazines”, los “Lorazepanes” y los “Orfidales”, nos falta la escucha, la compañía, la conversación, la risa, el abrazo…

Nuestro mundo avanzado, tecnológico, conectado, occidental, capitalista…. nos está enfermando. No quiero ser mala agorera pero esto pinta mal. Queremos reforzar el sistema de salud para curar, pero lo ideal sería que no enfermáramos. Ya sé que es una utopía, pero creo que hay aspectos de nuestro mundo que podemos y debemos cambiar cuanto antes si no queremos que sea irremediable.

Verónica lo decía muy sabiamente: “necesito parar”. La desgracia para todos es que paró definitivamente.

Teresa Postigo Ávila

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