“Hay hombres que luchan un día y son buenos.

Hay otros que luchan un año y son mejores.

Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.

Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles.”

Bertolt Brecht


  De esta historia debe hacer unos dieciséis años, pero me la ha hecho recordar un lector de Aguilar Digital que hizo un comentario en uno de los artículos que escribo espontáneamente para este periódico digital. Prometí a este lector escribir sobre un amigo que fue párroco del pueblo y el cual me demostró a mí y pienso que a muchas personal el valor humano de una persona que un día decidió que la manera de ayudar a los demás, era dedicar su vida a ser sacerdote.

En aquellos tiempos yo era un joven rebelde que estudiaba segundo curso en el Instituto de Formación Profesional del pueblo, creo que fui de los primeros alumnos que se acogió a la opción de dar clase de ética en lugar de religión, con lo cual mataba dos pájaros de un tiro, no aguantaba al carca del cura de turno y tenia una clase libre a la semana que no venia mal, más tarde me daría cuenta de que ninguna de las dos afirmaciones se transformaron en realidad, o por lo menos ese curso.

Total que igualmente  que era estudiante, me implicaba en actividades sociales que se promulgaban por el pueblo, la comarca y la provincia, y en aquella ocasión el sindicato CC.OO. estaba a la cabeza de una campaña de solidaridad con el pueblo cubano, y pretendía mandar material escolar para la isla.

Lo cierto es que no sé como narices se enteró, no sé como ocurrió, pero de repente de reunirnos cuatro colegas en la sede de un sindicato, un día alguien me dice que nos vamos a reunir en la Casa de las Cadenas con el cura, que quiere participar en la campaña de solidaridad. Al principio me lo tome a risa, luego pareció cuanto menos anecdótico, que un tipo que llevaba tres días en el pueblo, se quisiera involucrar con los agitadores de la localidad, por llamarnos de alguna manera.

La cosa es que asistí a esa reunión, y todas las organizaciones existentes en el pueblo, menos una, a la que no nombraré porque no me merece la pena, y porque consecuentemente todos sabemos cual. Bueno la primera intervención de aquel cura en pantalones vaqueros con una barba blanca y desmesuradamente despeinado me dejo de piedra, estaba dispuesto a crear una coordinadora de solidaridad con los pueblos, no con el cubano, sino con cualquier pueblo del mundo que lo necesitara. En ese momento la prioridad era Cuba, correcto, pero la coordinadora que como he dicho englobaba a todas las organizaciones del pueblo, desde políticas, culturales, juveniles, cofradías, etc…, más tarde se dedicaría a trabajar en solidaridad con otros pueblos que lo necesitasen.

Y nos pusimos manos a la obra, diseñamos un cartel, que curiosamente nos hizo mucha gracia, es posible que exista alguna copia en el archivo municipal de ese cartel, creo recordar que estaba la provincia de Córdoba a un lado, a otro lado la isla de Cuba, y de las dos salían dos lápices que se unían, esa fue la idea, y de esa manera se materializo, aunque cuando se sacó el boceto la unión de los dos lápices formaba una cruz, cierto es que no sé si por casualidad a todas las organizaciones nos pareció correcto y ese fue el cartel para la campaña de recogida de material escolar.

Colocamos cajas de cartón para la recogida en colegios, institutos, supermercados y todas las iglesias de Aguilar, pero nada era suficiente para Pepe, que así se llamaba el cura. Un día en el instituto me dice tenemos que hacer algo más, e inventó algo que denominó operación veinte duros, eran unas papeletillas que se vendían al precio anteriormente indicado y que acreditaban al comprador de que había colaborado en la campaña de solidaridad. Todo era poco para él.

Recuerdo que un día veníamos caminando por la calle Andalucía y que cuando llegamos al Carmen, me invitó a entrar con él a la iglesia, invitación que decliné con arrogancia, recuerdo que él me dijo “piensa que te estoy invitado a pasar a mi casa”, dado que se había convertido en un amigo, acepté la invitación. Una vez dentro, observé sorprendido como en algunas de las columnas del recinto tenia colgados unos papeles con un peculiar balance de situación de la iglesia en el pueblo, su activo y su pasivo. Cuando le pregunté por aquello, me respondió que el pueblo debe de conocer cuáles son los bienes de los que dispone la iglesia.

Puedo decir con orgullo que de la campaña de solidaridad que se realizó en toda la provincia de Córdoba, se mandaron para Cuba tres toneladas de material escolar, de las cuales solo en Aguilar se recogió una de ellas, en esa campaña nuestro pueblo demostró su capacidad solidaria, con el trabajo que nos supuso el embalaje de dicha cantidad. Este trabajo lo realizamos en la iglesia del Hospital.

No pasó mucho tiempo cuando se hicieron obras en la iglesia del Carmen, un día que pasaba por allí, me encontré a Pepe, con una camisa de cuadros, unos vaqueros, todo lleno de cemento, azada en mano haciendo mezcla en una pastera para los obreros que estaban colocando ladrillos, no os quiero contar la cara de sorpresa que se me quedó cuando lo vi de tal guisa.

No sé si por su relación con la gente que hacia campañas de solidaridad, si porque ponía a disposición del pueblo los bienes de la iglesia y eso puede crear muchas heridas en la gente que se enriquece a costa de dichos bienes, o porque no está bien visto en un pueblo tan beato como el nuestro, que un cura trabaje como obrero. Lo cierto es que nos tuvo que abandonar, quiero pensar que para demostrar en otros lugares que no todos los siervos de dios están cortados por la misma tijera.

No esta de más decir que la coordinadora de solidaridad no se volvió a reunir nunca más, y que yo no cambié mi idea sobre la iglesia y la religión. Eso sí, había conocido a un hombre, en palabras de Bertolt Brecht, imprescindible.

http://titiriteros.wordpress.com/

José Pablo Cosano Espino

Imagen: www.belen1959.com

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